Diego se pone los cuernos

tresQueríamos estar tranquilos así que ese verano alquilamos una cabaña en un balneario nuevo; poca gente, pocos comercios… Nada que hacer salvo descansar… Quince días de relax para los dos.

Era un complejo de seis cabañas y un restaurante que era el único punto de reunión en los alrededores. Estábamos bien apartados de la zona turística y comercial.

Elegimos también el mes de marzo para que no haya tantos chicos así que lo que nos sobraba era tranquilidad.

La primer semana todas las cabañas estaban ocupadas pero para la segunda quedamos tres parejas y cuatro muchachos solos que ocupaban una.

Durante el día venían personas que eran pasajeros de las cabañas a la playa pero no muchas así que nos relacionamos con nuestros compañeros tanto para las actividades en la playa como después, a la noche si comíamos en el restaurante o íbamos más tarde a tomar algo y escuchar música o bailar, cosa que hacíamos todas las noches. A Diego, mi pareja, y a mi nos gusta bailar y durante el año tenemos pocas posibilidades de darnos el gusto y las otras parejas se prendieron también todas las noches. cuando los  señores se cansaban seguíamos las chicas solas o se acercaba alguno de los muchachos que estaban solos que eran muy divertidos y respetuosos.

Así todos fuimos tomando confianza y al ver el que pasaba la música, decir DJ es mucho, fue poniendo temas más alegre y de joda y nosotros, sobre todo las chicas nos pusimos más atrevidas, si nos dejaban solas bailando lo hacíamos bien provocativas para que nuestras parejas vuelvan a bailar. Si no nos apretábamos entre nosotras o le hacíamos señas a los muchachos que si estábamos muy zafadas se acercaban con recelo por miedo a que se enojen nuestros machotes…

Debo reconocer que me llamó la atención que Diego no me dijera nada por bailar con los muchachos, sobre todo porque la segunda semana que ya quedábamos pocos y ya entrados en confianza, las mujeres nos pusimos de lo más perras al bailar y como nadie se quejaba los muchachos se fueron atreviendo y si bajaba el ritmo de la música se arrimaban y nos apretaban bastante.

Se fue otra pareja así que quedamos Fernando y Marisa, los cuatro muchachos, Diego y yo, Caro. Fernando el mayor, unos 35, Marisa 29 o 30, Diego 30, los chicos entre 24 y 25 y yo 25. Feo ninguno, Fernando algo fuera de estado pero no se puede decir que gordo, Marisa algo bajita pero muy bien formada y con una gracia absoluta. De Diego ¿qué puedo decir? El hombre de mi vida, alto, elegante, seguro de si mismo… Los chicos con pinta de deportistas, creo que comentaron que jugaban a algún deporte pero no presté atención, y yo, yo soy una preciosura… Un metro setenta, como de chica me decían que iba a ser gordita tomé por costumbre hacer gym modeladora desde antes de la adolescencia y no lo dejé nunca así que tengo todo en su lugar y bien durito, para algunos me falta algo de tetitas pero con el culo que tengo los dejo a todos callados.

Una noche estábamos bailando y Fernando para y nos dice que se va a pescar embarcado y salen a la madrugada. Le pido que deje a Marisa y dice que sí, que no hay problema, él se va divertir y que ella haga lo propio.

Diego se queda bailando un rato con las dos pero nos va a traer unos tragos y se va a sentar, nos deja solas y como siempre que estamos bailando solas nos ponen música para perrear y claro… perreamos.

Marisa no se si porque estaba sola quería competir conmigo pero estaba hecha una fiera, movía el culo y me lo apoyaba de tal forma que hasta me hizo calentar. A la segunda vez que le hicimos señas a Diego y no vino se arrimaron dos de los chicos, al ver lo perra que estábamos con Marisa los otros no tardaron nada en sumarse. Así estábamos las dos hechas un sanguchito cada una entre dos chicos que cada vez se apretaban más.

Cuando bajó algo el ritmo nos abrazaron uno delante y otro atrás, primero flojo pero enseguida el que estaba atrás mio, con la escusa de hablarme me apoyó todo el cuerpo y me hizo sentir su sexo en mi cola y me susurró al oído

– ¿Él no pesca?

– ¿Quien?

– Tu marido

No se si por no haberme venido a rescatar o porque pero le aclaré que no estábamos casados, ni bien oyó eso las manos se movieron mucho más audaces.

Por fortuna cambió la música y nos separamos porque nos tenían a las dos bien atrapadas…

Con la escusa de buscar algo para tomar nos fuimos con Diego y al rato acompañamos a Marisa a su cabaña y nos fuimos a la nuestra.

– ¿Por qué no fuiste a rescatarnos del baile?

– ¿Rescatarlas de qué? Se las veía disfrutando a lo loco…

– Sí, demasiado a lo loco… Nos querían tranzar a las dos.

– Es que estaban tan bien que me dio lástima… Parecía el comienzo de una película porno…

– ¡Diego!

No me animé a preguntar pero ¿Se había calentado viendo como me apretaban los dos chicos? La respuesta fue sí, estaba excitado y me hizo el amor como una fiera.

A la mañana siguiente decidí seguir el juego para ver que hacía Diego. Me puse una bikini que había comprado para usar sólo en casa por lo atrevida que era. Diego me miró, la elogió y me dijo lo buena que estaba pero no me pidió que no la use.

En la playa no pasé desapercibida, y el chico que quería que Diego me deje sola para ir de pesca me repitió en varias oportunidades lo bien que me quedaba el bikini

 – Te queda precioso pero ¿no le da celos?

-¿Celos? Tengo que estar orgulloso de tener la mujer más linda y la que todos desean.

No habíamos escuchado a Diego que se acercó mientras jugábamos al tejo con los chicos y Marisa. Fernando estaba tratando de convencer a Diego de lo buenas que eran esa salidas de pesca y Diego explicando que no le gusta pescar.

Esa noche Fernando no salió de pesca así que todo fue con calma pero Marisa me contó que el día anterior había tenido mucho sueño en el barco así que al día siguiente pensaba cenar temprano y dormir antes de ir al puerto y si podíamos pasar por ella después de cenar porque si él se iba ella no tenía por que quedarse a dormir.

Insistí al otro día con el bikini provocativo y a la noche… Ropa interior, una tanga negra de encaje así de chiquita… Una pollera tableada muy corta y una torera que por debajo dejaba ver la base de mis tetitas… Sin corpiño claro…

Diego nos hizo bailar a las dos un buen rato pero yo que lo conozco noté que lo hacía por compromiso, que lo que deseaba era dejarnos solas. Los muchachos no habían llegado, siempre iban algo más tarde. Para darle a Diego la oportunidad de dejarnos le pedí que busque unos tragos. Ni bien se fue la agarré a Marisa de la cintura y me puse a bailar muy sensual y bien apretada a ella

 – ¿Qué te pasa? Entre el bikini de la mañana y esta ropita algo estás tramando.

– No, nada… Son los últimos días y quiero pasarla bomba…

– Hum… No se…

Diego nos dejó los tragos y se fue a la mesa. Marisa aprovechó la música para hacerme girar y así se me levantaba la pollerita se me veía todo el tanga y sobre todo lo que éste no cubría… En uno de esos giros andaba cuando entraron los chicos y Marisa seguía con las vueltas y me llevó para la mesa dónde estaba Diego. Éste al ver los giros y la pollera volando no tuvo mejor idea que aplaudir y silbar así que el de la música no dejaba de poner salsa y entonces todos se deleitaron con mi culo y algún otro se atrevió también a silbar y aplaudir.

Enseguida vinieron los chicos y cuatro manos me recorrieron la cintura, mi panza y se atrevieron hasta el borde de la torerita rozando mis tetitas y pegaron sus cuerpos haciéndome sentir su excitación.

Diego seguía sin reaccionar ante el avance de los dos chicos que ya era más que osado, incluso me besaban el cuello y detrás de las orejas mientras me murmuraban lo bien que estaba y lo que los calentaba. Yo había decidido dejarlos hacer para ver que hacía Diego y la verdad es que tanto manoseo y palabras sexys me levantaron la temperatura y no tenía demasiado control de la situación.

Cerca de las dos, hora en que cerraban el bar, se acerca Diego y pensé que era para terminar con el apriete que me estaban dando pero no, nos llama a todos y nos dice

 – Ya que los muchachos se van esta mañana y a todos se nos terminan las vacaciones los invito a todos a la cabaña a brindar y seguir festejando porque acá cierran en un rato.

– Perfecto ¿Tenés algo o llevamos algún champán de acá?

– Champán no tengo así que mejor llevamos algunos… Marisa vos también vení, después te acompañamos.

– Si hay brindis no me lo voy a perder…

La mirada de lujuria entre los cuatro chicos ante la propuesta de Diego fue notable y ni hablar de mi sorpresa, para colmo brindar con champán… Él sabe lo que me enciende…

En el camino uno de los chicos trató de apartarme del grupo pero ahí intervino Diego dándoles las botellas y tomándonos a Marisa y a mi de la cintura para llevarnos hasta la cabaña y durante todo el trayecto me acarició y me dio unos besos muy calientes…

En cuanto llegamos Diego puso música muy lenta, romántica, como para bailar muy apretados y sirvieron champán que con el calor que hacía tomamos como agua. Diego me llevó a bailar y me apretó y me besó calentándome al tope, pensé bueno, se decidió a cuidarme… Nos estaban mirando todos y de repente me suelta y saca a bailar a Marisa y yo quedo parada sola, cosa que aprovechan enseguida los dos chicos que más me seguían y se abrazan de mi cintura apoyando sus pelvis contra mis caderas. Los otros dos no pierden el tiempo y se acercan a Marisa y Diego después de un par de vueltas se las entrega y se va a servir más bebida para todos y nos la alcanza pero no hace nada por separarnos, cuando vaciamos las copas las lleva y se sienta.

Me están apretando y acariciando, me hacen girar para cambiar quien queda adelante y quien atrás, me respiran cada vez más cerca, los labios me rozan las mejillas hasta el borde de la boca. Siento que Diego se levanta y viene hacia nosotros, pensar que va a salvarme me excita… Pasa al lado y sigue a la escalera camino al baño, en cuanto se cierra la puerta una boca se pega a la mía, no puedo evitar abrir mis labios y las lenguas se enlazan en un beso muy caliente… Me giran y cambian de lugar… Me estoy besando con dos hombres a la vez…

Abro los ojos y veo a Diego sentado en la escalera mirando como me besan uno la boca y el otro la nuca, los hombros, la espalda. No tiene ninguna reacción en su mirada, es como si mirase una película. Miro al costado y veo a Marisa en un sofá tranzando con los otros dos muchachos.

El que me besa en la boca desprende la torerita que se cae y yo miro a Diego como interrogando que va a hacer, me está besando las tetas y nada. Mantengo la mirada en los ojos de Diego pero la transformo en desafiante, no reacciona… Siento unos labios y una lengua bajando por mi espalda, sin dejar de mirarlo desprendo la pollera y la dejo caer… Nada, si hasta parece marcar más la sonrisa de su boca…

Baja besando por toda mi panza y el otro por mi columna, al llegar al borde de la tanga la sacan de un tirón y me lamen sin tapujos mi sexo y mi culo. El que está adelante me alza en brazos mientras el otro abre el sofá y me acuestan boca arriba, uno queda entre mis piernas besando mis muslos hasta centrase en mi sexo y comerlo sin ahorrar esfuerzos. El otro se ocupa de mi boca y mis tetitas, cuando por la excitación empiezo a jadear se aparta para sacarse la ropa muy despacio y con los ojos clavados en los míos, una vez desnudo toma su pene y con él me acaricia el pecho, lo gira sobre mi pezón, yo que siempre tuve algún complejo con mis tetas por ser muy chicas el que le presten atención me calienta muchísimo y él se da cuenta, se monta sobre mi pecho y refriega el pene contra mis dos tetitas que están durísimas de excitación. Me toma las manos y las lleva a su sexo para siga yo con el juego en mis tetas, todo esto mientras me están dando una mamada buenísima, no me reprimo más, me dejo llevar y yo que soy de tener muchos orgasmos no aguanto y acabo.

Me sigue chupando y el otro me pone almohadones bajo la cabeza y acerca su miembro a mi boca, hace años que el único pene que tengo es el de Diego así que sumada a mi excitación está la curiosidad así que voy despacio lamiendo y reconociendo este nuevo, no es ni más grande ni más chico, es otro. Con mi chupada se pone y veo en su cara la calentura y lo que le cuesta aguantar, busca en su ropa y saca una caja de preservativos, me pasa un sobre como avisándome que me va a coger, miro hacia la escalera y Diego sigue ahí con la misma actitud, de reojo veo que Marisa está cogiendo en el otro sofá. Con los dientes rompo el sobre y saco el forro, para molestar a Diego hago algo que aprendí con él, se lo pongo con la boca, el muchachito me mira sorprendido y se nota que esto lo pone a mil.

Baja recorriendo con su sexo todo mi cuerpo hasta mi pubis, el otro se corre a un costado, sin dejar de verme a los ojos abre mis labios con su pene y se moja con mi jugo, pasa todo el pene por mi rajita, quiero gritarle que me coja pero me aguanto y sólo lo suplico con la mirada, entra despacio mientras amasa mis caderas hamacándome y dando el ritmo. El otro me entrega su pene para que se lo chupe.

Si están esperando que les cuente una película porno les aclaro que no, estábamos los tres demasiado calientes y el que me cogía aceleraba su ritmo, yo ya les dije que soy multiorgásmica y el otro también estaba apurado por cogerme. Acabé con un jadeo que no dejó lugar a dudas lo que hizo apurar a uno y el otro se empezó a poner un forro. el que me cogía se vino sobre mi a besarme y cuando sentí que se apretó bien al fondo de mi vagina y que se hinchaba el preservativo volví a tener un orgasmo.

No tardó en salir para que el otro ocupe su lugar, cambió mi posición levantando mis piernas sobre los hombros y en lugar de entrar despacio como el anterior se clavó todo de una vez y arremetió con fuerza, este cambio me encantó, más caliente no podía estar.

El que había acabado se sacó el forro sobre mis tetas y me untó con su semen todo el pecho, se lo limpié como pude con las manos y me lo llevé a la boca, esto hizo calentar mucho al que me cogía y se lanzó a toda velocidad haciendo rebotar sus testículos contra mi culo. No acabó dentro mío, salió se sacó el forro y se derramó en mi panza apretando el pene con las dos manos contra mi. Sin dejar de chupar al otro me desparramé todo el semen por la panza y él me trajo su pene para que lo chupe también, así que fui alternando de uno al otro.

El que primero acabo se colocó en un “69” pero algo al costado dejando lugar para que los chupe a los dos y me chupó a mi también, no sólo mi conchita, se centró con mucha dedicación a mi culo. Después de haber metido bien su lengua pasó a meter los dedos, yo lo veía venir y en lugar de pararlo me calenté más. Chupaba, gemía y me retorcía moviendo las caderas como si ya estuviese cogiendo.

Se separó y bien delante de mi vista se colocó otro preservativo, me hizo señas de que gire, no me moví

 – Date vuelta

– Despacio ¿Sí?

Me muestra el sobre de lubricante que traen los forros con una sonrisa, dejo el pene que tenía en la boca y giro levantando mi cola con la cara apoyada en la cama. El frío del lubricante me hace estremecer, lo esparce con el pene por mi culo y se apoya, miro a la escalera por sobre mi hombro otra vez, no hay dudas, tiene esa sonrisa en los labios. Bajo más la cabeza y llevo mi cola hacia atrás metiendo el pene en mi culo, se toma de mis caderas y termina de entrar. Sale totalmente y me acaricia toda la cola, aprieta mis cachetes y vuelve a entrar. Ya había terminado así que estaba más relajado, se tomaba su tiempo disfrutando de mi culito apretado, me encanta el sexo anal, lo hago siempre y se como darle placer al otro pero me cuesta mucho tener orgasmos anales y a pesar de eso me entrego entera y lo gozo un montón. El otro ya se había repuesto y se coloca un forro y se turnan en coger mi culito, cuando siento que los dos están por acabar me doy vuelta y los atraigo a mis tetas sacando los forros los masturbo hasta que eyaculan en mis tetitas que adoran que las festejen. Después de que los exprimí hasta no dejar nada y los refregué bien en mi pecho se tumbaron a mi lado y quedamos un momento quietos los tres. En la cama de al lado también estaban tranquilos.

Cuando casi nos dormíamos Diego golpea sus manos

 -¡Bueno gente, basta de festejos! Ustedes se van en un rato así que supongo que querrán darse una ducha y cambiarse. Nos vemos la próxima.

Seguía golpeando las manos apurando a los chicos que sorprendidos se pusieron la ropa y salieron casi corriendo.

Marisa y yo nos levantamos y casi juntas quisimos decir algo pero

 – Shhh, no digan nada, calladitas las dos vayan a la ducha…

Nos tomó a las dos de la cintura y nos llevó al baño, abrió la ducha y nos metió bajo el agua a las dos juntas y salió. No se si por la sorpresa o por la casi orden de Diego de no hablar nos enjabonamos en silencio y cuando nos estábamos enjuagando él entró desnudo y se metió también en la ducha y nos acaricia a las dos dándonos el jabón para que lo bañemos.

Ya bañado me da un pico y atrayendo a Marisa de la cintura la besa en la boca, ella le responde y se cuelga de su cuello, veo las lenguas de los dos enredadas y los labios mordiéndose. La deja y hace lo mismo conmigo, los besos de Diego me pueden, no se por que pasó lo que pasó antes pero igual me entrego…

Ya en la cama entre las dos le hacemos una mamada de película, me sorprende al darme un forro pero se lo pongo. No pensé que la fuese a coger pero se sube sobre Marisa que abre las piernas y lo recibe encantada. Lo veo moverse y se que lo hace muy bien, se lo que hace sentir, me excita ver sus caderas yendo y viniendo, arriba y abajo, veo su cara y la cara de placer de Marisa, el orgasmo de ella es notable…

Antes de salir de Marisa me toma del cuello y me besa en la boca, no puedo contenerme

 – Cogeme…

Me acuesta de costado como sabe que me gusta, montado en una de mis piernas me penetra. Mi sensación es como la de volver a casa después de estar lejos unos días, a pesar de todo lo que había tenido recién eso era lo que necesitaba, mi libido subió al máximo.

Mientras me penetraba, sin forro, haciéndome sentir todo ese pene que me conocía todos los rincones de placer, acariciaba el agujerito de mi culo levantando más la temperatura. Marisa estaba pegada a él y para completar lo excitante del cuadro Diego le toma la mano y la hace reemplazar sus dedos en mi culo, ella me acaricia con timidez pero Diego la empuja a que meta los dedos dentro de mi culo y levanta mi pierna sobre su hombro. Entre los dos besan mis dedos del pie hasta encontrase las bocas y darse un chupón de lengua, labios y dientes… Diego se clava en el fondo de mi vagina y siento su semen con una fuerza que no conocía…

El grito con que llegó mi orgasmo se debe haber escuchado a varias cuadras…

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¿Celos…?

No hemos cruzado una palabra…

Jamás nos miramos…

Menos aún tocarnos…

Pero hoy la pienso en brazos que no son míos y… Algo me quema…

¿Serán celos…?

No hay escape… Haciendo honor a mi nombre me refugio en lo más oscuro…

Erebo.

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No a la mutilación genital femenina

Debería ser una causa común de todo ser civilizado.
Una cosa es la cultura o la tradición y otra muy distinta es la barbarie…

Hoy se celebra el Día Internacional de Tolerancia Cero con la
Mutilación Genital Femenina.

Supone una barbarie y una forma inhumana de despojar a las mujeres de una parte de su cuerpo, de su dignidad, de su placer y de su sexualidad.

Os lo ilustro con una explícita pintura del genial Thomas Saliot

Pintura de Thomas Saliot

Y, si puedes, pasa por aquí para saber más sobre esta práctica denigrante y abusiva: Naciones Unidas

Todas y todos, tenemos mucho que decir en esto.

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Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 25.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 9 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

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El marido de Lucía es cornudo porque quiere…

Imagen WEB

Aquí “Lucía empieza a vivir”: http://wp.me/p3X4QI-31

Aquí “La sorpresa de Lucía”: http://wp.me/p3X4QI-38

El viernes, día después del segundo encuentro con Pedro, Lucía no quiere arriesgarse; no confía en él pero tampoco en ella misma. El solo recuerdo la enciende y no confía en poder controlarse si se cruza a solas con Pedro. Con la escusa de elegir el mobiliario del quincho y el baño se va temprano con Sabino. Se queda en el centro haciendo alguna consulta sobre sus estudios, algún día piensa terminar su carrera de profesora de Educación Física. Así se entretiene hasta la hora en que Pedro y su gente dejan de trabajar, vuelve en taxi y se baja una cuadra antes, entra sin hacer ruido ni prender luces, no quiere que sepan que llegó.

Así esquivando los momentos en que puede quedar sola llega al miércoles. Ese día Sabino hace algo que la descoloca… Parece que él estuviera buscando que le ponga los cuernos…

Están desayunando en la terraza del jardín y los obreros ya están trabajando

– Juana, le tengo que pedir un favor

– Sí Don Sabino, diga

– Yo viajo esta tarde al interior y vuelvo el viernes, posiblemente en el último vuelo ¿Podrá venir mañana y pasado?

– Ay Don, me tendría que haber avisado la semana pasada y yo no venía lunes y martes… La otra casa donde voy me necesitan, es un matrimonio grande, no pueden solos…

– Bueno, no se preocupe, el sábado le ayudo yo a Lucía a limpiar un poco. Yo también me acabo de enterar cuando abrí el correo

– ¿No podés posponer para el lunes?

– Era para dentro de quince días pero el gerente para América del Sur llegó anoche, la mujer espera un bebe y le hacen cesárea la semana que viene

– No me gusta estar sola

Por más que estaban lejos de la obra y no hablaban fuerte, Lucía estaba segura que los habían oído. No tenía escapatoria, dos noches y dos días sola y Pedro dando vueltas por ahí y sabiendo…

Esa tarde Sabino volvió temprano para preparar una valija y dejar el auto, lo pasaba a buscar el chófer de la empresa. Se fue cuando Pedro y los suyos ya se habían ido.

La mañana siguiente Lucía se levantó temprano a hacer ejercicios y le dedicó mucho más esfuerzo que el habitual. Hacía calor y el pantaloncito y la musculosa de algodón estaban pegados a su piel por la transpiración pero ella quería apagar la excitación con agotamiento físico; habiendo repetido su rutina dos veces salió con la soga a la terraza y se puso a saltar como si la vida le fuera en eso.

Estaba tan concentrada que no vio a uno de los hombres que se acercó y en lugar de hacerse notar se quedó contemplando el culo de Lucía que se bamboleaba al ritmo de sus saltos y las tetas en el reflejo de la ventana, con la camiseta pegada no dejaban mucho para imaginar. Al final, ya nervioso la llama

– Señora…

– Huy… Perdón… ¿Qué necesita?

– Tenemos que hacer los desagües del baño y no sabemos la ubicación de los artefactos.

– Pero si se lo dijimos a su jefe con mi marido…

– Pero Pedro no está, fue al corralón por materiales y no lo marcó.

Lucía siente la mirada del tipo en sus pechos, se cuelga la toalla del cuello tratando de cubrirlos pero es muy corta. Con gesto de mal humor arranca para la obra.

La mirada le quema en su culo, se sabe muy desprotegida con la ropa tan pegada al cuerpo y esto la pone nerviosa y transpira más aun. Saluda al otro hombre y se pone a explicar dónde van las cosas, ninguno de los dos le presta atención, están obnubilados con su cuerpo; si está buena siempre así, con la ropa pegada y los músculos en tensión por el ejercicio recién hecho, los enloquece. Al más joven se le nota la excitación en sus bermudas.

A pesar de que ella misma replantea en el piso el lugar de los artefactos ellos siguen haciendo preguntas, lo que quieren es que no se vaya para seguir admirándola.

– Buenos días ¿Pasó algo?

– Eh… No… Hola Pedro, no , no pasa nada, le pedimos a la Señora que nos marque la ubicación del baño

– ¿Y por qué no me esperaron a mi? Perdoná Lucía, me olvidé de marcar los desagües

– Está bien, hasta luego entonces

– Hasta luego Señora

-Hasta luego Doña

– Esperá un minuto

Lucía ya había salido de la obra cuando escucha el pedido de Pedro pero sigue caminando, este la alcanza a mitad de camino, lleva unos papeles y le dice que son las facturas y remitos de los materiales, ella los agarra sin contestar y entra a la casa y va a cerrar dejando a Pedro fuera

– Hay algunos pagos y otros no, ahora te muestro

– ¿Ahora?

Lucía no quiere que entre, está enojada por la forma en que la llamó por su nombre de pila delante de los otros, tiene miedo; sabe que está desnuda para los ojos de esos tres y lo peor… Duda que pueda resistir un avance de Pedro. En el fondo sabe que lo desea, al verlo abre la boca como un a tonta, se ruboriza, ella que siempre fue rápida para contestar se queda muda o peor, tartamudea como una adolescente.

Ese instante de duda le da a Pedro la oportunidad de entrar, se adelanta a Lucía y girando la aprieta contra el ventanal, una mano la toma de la nuca y la otra va directo a una teta. Casi roza la boca de Lucía con la suya pero no la besa, sigue hasta la oreja

– Estás cada vez más puta, tenías que ir a mostrarte, no podías esperar a que regrese

– ¡Idiota! Me vino a buscar

– Y vos aprovechaste, fuiste así casi desnuda a ver si te cogían, dos son mejor que uno para la Señora

– ¡Está loco!

– Si ya estaba el dibujo en el suelo ¿Qué más te quedaste hablando?

– ¿Estabas ahí escuchando? ¿Me espias?

– No, es divertido ver como te gusta calentar a los tipos, sentí como me pusiste a mi

Le lleva una mano sobre su miembro que está como piedra, Lucía en un primer impulso lo amasa y después saca la mano y le recrimina que están frente a los otros que seguro están mirando. Pedro en lugar de aflojar la retiene con más fuerza contra el vidrio y de un tirón le saca la camiseta.

Lucía intenta protestar pero los labios en sus pezones la paralizan, ese era el miedo que tenía, como nunca se había excitado de esa manera, no sabía como controlar esa sensación tan fuerte. Así la queja se transforma en gemido y en lugar de empujar a Pedro le rodea la cabeza con las manos apretándolo contra su pecho.

Pedro baja lamiendo el vientre, sigue sobre el pantalón, ya mordiendo y acariciando las nalgas, dando es movimiento de vaivén que excita a Lucía. Intenta bajar el pantalón pero ella se lo impide y entonces con un movimiento rápido y firme la gira y queda mirando hacia fuera con las tetas aplastadas contra el vidrio, por el factor sorpresa le baja parte del pantalón que queda en su lugar al frente pero libera todo el culo de Lucía y ahí, en ese culo perfecto se pierde la cara de Pedro.

Lucía no puede creer lo que le está pasando, la única manera con que pudo mantener los pantalones más o menos en su sitio fue abriendo las piernas, así que a Pedro no le dio ningún trabajo llegar a su sexo y a su ano con la lengua. Eso no es lo peor… está con las tetas al aire, aplastadas contra el vidrio, paralizada por las manos de Pedro que la sostienen de las nalgas y los otros dos tipos no están en la obra… Están ahí… En la terraza, a unos pocos pasos del vidrio… Se tocan sus miembros que están a punto de reventar sus ropas…

Lucía sabe que unos meses atrás, no, unos meses no, semanas atrás, se hubiese puesto a gritar como loca de furia, miedo, indignación y vaya a saber cuantos motivos más. En cambio ahora… Estar así entregada, con esa lengua recorriendo sus zonas más sensibles, y la cara de esos hombres que desparraman deseo, excitación, lujuria… Está descontrolada… Se siente incapaz de resistir hasta la peor propuesta, es más, de solo barajar las posibilidades, la excitación se refuerza.

No hace falta esperar mucho, como ven que ella no se resiste se arriman al vidrio y lo manosean a la altura del pecho de Lucía, el mayor intenta besar el lugar de la boca pero ella lo esquiva, no puede evitar que laman dónde están los pezones.

Pedro se levanta rozando todo su cuerpo contra el de ella, le levanta las manos por sobre la cabeza, con el cuerpo así estirado está más sexy aún… Los tipos apoyan sus bultos en el vidrio… El más joven se atreve y saca su miembro y lo refriega contra la figura de Lucía

– ¡Qué puta sos, mirá cómo los tenés!

– Sos vos… Yo no hago nada

– Pobres… Vamos a darles algo más

– ¡No por favor!

– Dejemos sólo la tanga

– ¡No!

Lucía baja rápido las manos pero no llega a evitar que el pantalón termine en sus tobillos.La tanga de encaje blanco está tan mojada por la transpiración y el flujo de Lucía que ha quedado transparente como la ventana en que se apoya. Pedro ya está otra vez parado contra el cuerpo de Lucía, le besa el cuello, las orejas, ella gira la cabeza buscando que las bocas se encuentren, a sus lenguas se suman las de los otros dos a través del vidrio

– Mirá que lindos… No te los presenté… El más jovato es Pepe. El chico, chico pero de pito grande ¿viste lo que tiene?… Ese es Tito

Lucía no quiere mirar, está muy excitada y no quiere echar más leña al fuego, llegó a un punto en que cualquier roce, palabra, olor o visión la enciende más; casi no aguanta sin gritar la respiración de Pedro en su cuello.

Le pide a Pedro que paren, ya le dieron un buen espectáculo a los hombres, ni la oye, si jugando con la lengua por las orejas, el cuello y a nuca de Lucía. Afuera, Tito y Pepe se masturban contra el vidrio sin ningún reparo.

Pedro va por más, saca su miembro y lo pasa entre las piernas de Lucía, con la erección y por la diferencia de altura hace presión contra el sexo de ella y al fregarlo se asoma contra el frente de la tanga, al ver esto Pepe y Tito se ponen a mil… Y con el roce Lucía también…

Pedro pasa un brazo por la barriga de Lucía, la levanta, gira y la lleva hasta la mesa poniéndola boca abajo con las piernas colgando. Corre la tanga y sin más se clava en Lucía que grita, más por la sorpresa que por nada y enseguida que él se empieza a mover en su interior los jadeos de ella la muestran al borde del clímax

– Sí, más… ¡Más… !

– ¿Ya no te importa que nos vean putita?

– No, seguí… Así… ¡Así!

Con las manos apoyadas en la mesa Lucía se levanta arqueando la espalda. No necesita decir que ha llegado al orgasmo…

En la mesa está la toalla que llevaba Lucía, con ella Pedro le venda los ojos

– ¿Qué hacés? ¿Para qué me tapás?

– Es mejor que sientas y no veas

– ¿Por qué? ¿Qué ideas tenés?

– …

– Me vas a entregar… No te basta con hacerme tu puta… Querés que sea la puta de todos… Sacame esto, si me das hacete cargo, no me engañes

Lucía se saca la toalla y la tira, Pedro la sigue cogiendo, ella mira hacia la puerta y ve que Pepe y Tito se acercan. Sabe que por mucho que quiera defenderse no puede y aunque le parece una locura siente que no quiere defenderse…

Un dedo de Pedro en su culo la trae a la realidad, aunque su cabeza se fue por un momento su cuerpo siguió en la escalada de excitación y se sintió de nuevo en una nube de placer. En un espejo se vio reflejada junto con Pedro, los dos con esa mirada de deseo y placer… Apoyada en esa imagen se empezó a mover al mismo ritmo que Pedro; esto no sólo excitó más a ambos sino que también favoreció la entrada de los dedos en su culo y eso cada vez le gustaba más…

Pedro ve que Lucía mira con gusto el reflejo de ellos en el espejo y buscando los ojos le sonríe con lujuria, sabe que tiene el control y ese es su mayor placer… La desafía a mantener la mirada mientras saca los dedos y apunta con la cabeza de su pene al ano de Lucía, todavía no lo apoyó pero ella sabe lo que sigue…

Algo evoluciona rápido en su forma de actuar frente al sexo, la mirada de él supone dominación pero Lucía no quiere someterse, quiere participar, ya bastante se ha sometido a la voluntad de Sabino y eso le sirvió para perder el placer en el inicio de su vida sexual.

Ayer sintió que Sabino la entregaba a las manos de Pedro y hoy que Pedro la quiere compartir con sus amigos… Lucía ahora quiere otra cosa… La van a coger sí, pero no porque ella se deja si no porque ella quiere… La mirada de Lucía en el espejo cambia, ahora está sedienta, ávida de placer

– ¿Qué esperás, o se lo pido a ellos?

– Serías capaz ¿No?

– Arriesgate

– Creo que no…

Pedro sintió el cambio y tratando de mantener el control embiste con fuerza, Lucía sabe es su culpa y oculta el dolor inicial, está tan mojada y dilatada que es un dolor pasajero por la violencia con que entró pero con el movimiento no va a durar y no piensa quejarse, en lugar de gritar se relaja y contornea las caderas, busca con la vista a Pepe y a Tito.

Con la mirada y con lo que ellos escucharon que desafío a Pedro alcanza para que se acerquen sin necesidad de llamarlos o hacer alguna señal. En cuanto los tiene a su alcance Lucía les acaricia sus penes, quiere chuparlos pero así en la mesa no puede

– La mesa me lastima… no puedo moverme, vamos a otro lado…

– Así te llevo

Pedro la levanta de la cintura sin salir de dentro de ella, quiere demostrar que es él que la domina

– Huy… No está mal pero queda un poco egoísta, mejor bajame y voy con los tres…

Pedro con esa frase entendió que había perdido el control y que lo mejor que podía hacer era esmerarse y darle el mejor placer para seguir por sobre Tito y Pepe. Lucía se había despertado demasiado rápido y no le dio a él tiempo a reaccionar.

En cuanto Lucía se soltó de Pedro, se para en medio de los tres acariciándolos a todos por igual. Pepe y Tito no pierden el tiempo y tocan todo lo que no habían podido hasta ahora. Enseguida le sacan la tanga para ver de cerca y en detalle esa conchita que adivinaron a través de la transparencia del encaje, la tocan y Pepe se agacha y la besa tratando de atrapar el clítoris entre los labios. Tito le busca la boca y se la invade con la lengua. Ella intenta avanzar pero con Pepe entre las piernas lamiendo su conchita es difícil así que lo agarra de la cabeza

– Vení, vamos al sofá y me comés toda, vengan

Así llega al sofá y mientras Pepe se pierde entre sus piernas Lucía tira de Tito y lo coloca a un costado para empezar con besos juguetones a darle una mamada bien profunda, en el otro lado está Pedro, ella lo masturba despacio pero les brinda mucha más atención a Pepe y a Tito, quiere hacerlo sufrir un poco.

Cuando nota que Tito no aguanta más lo mira con lujuria

– ¿Vos no me vas a chupar la concha?

– Sí, pero no puedo más, tengo que acabar

Tito se aprieta el pene con las dos manos temblando de excitación, Lucía mira de reojo a Pedro, sabe que lo que está por hacer no le va gusta y lo disfruta de antemano. Toma el miembro de Tito y lo mete lo más profundo que puede en su boca. Él se aferra de la cabeza de Lucía y en no más de tres sacudidas se descarga en el fondo de su garganta, ella traga todo. Tito vuelve a respirar y se arrodilla para cumplir el pedido de Lucía.

Lucía sin decir nada se lleva el pene de Pedro a la boca, sabe que está muy excitado, lo chupa y lo masturba rápido, muy rápido. Siente como se hincha y que él intenta retirarse pero pasa un brazo por detrás y se aprieta con fuerza, lo mira a los ojos, está enojado pero no puede contenerse, se afloja y eyacula.

No necesita decir nada, Pepe ya está a su lado ocupando el lugar que dejó Tito, así como hizo con los otros dos, en uno minutos lo hace acabar.

– Ya estarán conformes, ahora a trabajar

– Señora yo te quiero coger

– Yo lo mismo

– Tiene razón la señora, mejor vamos a trabajar, son las nueve y no hemos hecho nada.

– Claro vos la cogiste, nosotros miramos nomás

– Pero, ahora miren como están, que es lo que van a hacer

– Chupamela vas a ver que enseguida se despierta

Mientras dice ésto Tito ya le está poniendo el pene su en la boca y Pepe refriega el suyo en el pezón de Lucía. El que se queda al margen es Pedro , con cara de pocos amigos.

A Lucía le causa gracia como se esfuerzan  para convencerla pero acepta más que nada porque es una forma de vengarse de Pedro, por otro lado sigue muy excitada y como tampoco quiere que Pedro se vaya se pasa un dedo por el clítoris y le hace señas de que se lo chupe. Esto le da a Pedro una esperanza de recuperar su lugar, así que se acomoda para hacer el mejor cunilunguis de su vida.

Mientras Pepe y Tito se alternan en la boca de Lucía, Pedro con su lengua y sus dedos le va poniendo al tope de excitación la conchita y el culo. En cuanto ella ve que Tito recupera la erección se levanta y con los penes de Tito y Pepe en cada mano los arrastra al dormitorio. Ahora Pedro está convencido… Despertó la puta que hay en Lucía y ya nunca más la va a controlar, si quiere gozarla mejor seguir el juego de ella, que por otro lado no pinta nada mal.

Lucía empuja a Tito en la cama y se monta en él, Pedro y Pepe le mantienen la boca bien ocupada y Pedro además le acaricia el anillo del culito, Lucía se sacude adelante y atrás y acaba.

Se baja de Tito y Pedro quiere ser el siguiente pero Lucia, que no puede hablar todavía por su agitación le ha señas a Pepe que sin perder el tiempo la pone como perrito y entra de una vez tomándola de las caderas para hamacar con fuerza a esa hembra que está fuera de control. Lucía se apoya sobre sus hombros dejando el culo en pompa y se abre las nalgas, se pasa un dedo por el agujero y aprieta para que entre. Como Pepe tiene una vista privilegiada de esto, saca la mano de Lucía y trata de meter su pulgar, ella se queja, el dedo de Pepe es muy grueso y está seco. Pedro se da cuenta y se acuerda de dónde está el lubricante y rocía una buena cantidad en el culo de Lucía.

Con la doble estimulación Lucía no tarda en llegar a otro orgasmo, se libera de Pepe y gira quedando boca arriba, enseguida hay seis manos recorriendo su cuerpo pero se concentran más en su culo… Al rato los tres van entrando sus dedo por ese agujero que quieren usar lo antes posible.

Lucía los deja hacer porque quiere tener el ano bien dilatado y lubricado para gozar sin dolor, hoy no piensa privarse de ningún placer, mientras ellos meten los dedos en su culo ella se soba las tetas con una mano y acaricia el clítoris con la otra.

Cuando siente que su culo está listo, levanta las piernas y con ellas atrapa a Tito dejando después las piernas en los hombros del muchacho y manejando ella el pene lo lleva a la puerta de su culo

– ¿Lo querés?

– …

– Yo se que sí… Pero despacio… Nos tiene que gustar a los dos…

– Bueno…

– Así… Yo te guío… Empujá un poquito… Sí… Ah… No te apures que hay tiempo…

– Mmm…

Pedro y Pepe miran asombrados, ella lo hace entrar y salir de a poco, sale y cada vez va más adentro, Tito intenta clavarse de una vez pero Lucía lo contiene con las dos manos y así lo hace llegar al fondo con suavidad y ahora después de unos pocos movimientos de cadera lo deja hacer a él que acelera los movimientos y tomando a Lucía de los muslos la sacude a su ritmo. Ella le pide que aguante, que no acabe hasta que se lo diga. En unos minutos, lo saca de su culo y lo clava en su concha

– ¡Ah!… ¡Acabá! ¡Acabá! ¡Ah!

Tito se desparrama sobre Lucía y trata de recuperar el aire pero Pepe lo palmea en la espalda y le hace señas que se corra, ahora es su turno.

Pone a Lucía otra vez en cuatro patas y con otro chorro de lubricante se apoya y entra de una vez, ella levanta más la cola y se dispone a gozar… En eso ve que Pedro está muy cerca y que tiene su pene que parece explotar. Se mueve un poco hasta alcanzarlo y lo mete en su boca, lo chupa primero despacio, largo, lamiendo… Cuando nota que Pepe no tiene para mucho más en su culo, hace trabaja su boca al máximo, con la mano sacude ese pene contra la lengua y lo lleva al fondo de la garganta, lo siente hincharse, latir y lo hace reventar en su boca al tiempo que Pepe acaba en su culo. Al ver cumplido su objetivo acaba junto con ellos…

La obra se demoró algo… Claro, cada oportunidad que tenían de estar solos la usaron para coger… Pedro no le reclamó nada a Lucía ni ella siguió jugando con él… Gozaron los cuatro todo lo que pudieron…

Tomando un café

– Yo siempre supe que eras una mina caliente… Que el problema es que Sabino no sirve…

– No es que no sirva… Tiene otros intereses. En el resto es un excelente marido

– Sobre todo ahora que sigue ascendiendo en la empresa…

– No seas mala, no me quedo por interés, él es muy bueno conmigo.

– Aceptado…Pero… La obra se terminó ¿Que vas a hacer ahora?

– No se…

– ¿Vas a volver a ser la santurrona frígida de antes?

– Y… Va ser difícil…

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La sorpresa de Lucía

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En los días que siguieron a la experiencia con Pedro (http://wp.me/p3X4QI-31), Lucía estaba por un lado asustada, jamás pensó que pudiera suceder algo así en su vida pero por otro lado se sentía llena, por primera vez estaba satisfecha…

Al día siguiente como estaba Juana no se preocupó mucho. El sábado Sabino se quedaba en casa, le preocupaba que pudiese pasar luego…

El sábado en el desayuno comenta con Sabino

– No te vas a tener que preocupar más porque tome sol sin ropa…

– ¿Se usa el pálido este año?

– No, pero se vendió la casona del fondo y hay gente trabajando ahí… Desde la planta alta se ve nuestro jardín.

– Entonces son dos buenas nuevas, mi señora deja de ser exhibicionista y el hecho que la casa esté ocupada le da más seguridad a la nuestra.

Lucía le hace una mueca y se levanta a cambiarse, ya que está él va a salir a tomar sol y nadar para ver que pasa y que actitud tiene Sabino con sus vecinos.

Sale con una micro bikini y al pasar le dice a Sabino que la acompañe.

Antes de que llegue a la pileta y que Sabino salga de la casa se oye un silbido de admiración que viene de la casa del fondo. Sabino se apura a llegar junto a Lucía con cara de furia.

– Parece que no son muy respetuosos los nuevos vecinos.

– Debe ser gente que está trabajando, se escuchan golpes y ruido de herramientas…

– Está bien que tu mallita es bastante provocativa pero en su casa uno tiene derechos…

– Si tenemos una pileta es para que la use ¿No?

– Sí, algo habrá que hacer… Tal vez llegó el momento de construir el quincho en el fondo y así se levanta la pared y queda todo como antes.

– Hablando de quincho y parrilla, acordate que mañana vienen Sophi y el novio.

– El novio ¿Cuál?

– No seas malo, Matías, si me dijiste que te gustaba, es más, cuando vino la otra vez lo acaparaste toda la tarde.

– Ah, ese sí, pero como cambia tan seguido…

– Dejá de criticar a mi amiga, que los tuyos no son santitos…

– ¿Por qué?

– Cuando vamos a las cenas de la empresa tus amiguitos me miran como si quisieran echarse encima mio ahí mismo, decí que no les doy lugar si no…

– Eh, no será para tanto, pasa que después de unas copas…

– ¿No será para tanto? A la mujer de Martínez la encontramos cogiendo en el estacionamiento ¿Te acordás?

– Bueno, tanto no vimos…

– Perdón… Tenía la tanga en el tobillo, la pollera levantada a la cintura y el cadete entre las piernas…

– …

– A parte es mi amiga de toda la vida, ni mi familia ni la tuya me ayudaron cuando estuve mal y Sophi no faltó ni un día.

– Cierto, no se hable más. Voy a comprar carne y carbón…

– Espera que nado un minuto y entro, no quiero estar acá sola…

Lucía cruza nadando dos veces la pileta y entra junto a Sabino, de reojo mira la casa del fondo. Cuando escuchó el silbido un golpe de electricidad recorrió toda su espalda, sin necesidad de tocarse sentía la humedad en su sexo.

No volvió a salir, se entretuvo preparando una ensalada y el postre para el día siguiente pero como en todos estos días a cada rato se encontraba mirando la casona y muchas veces se descubría una sonrisa en su boca.

El domingo amaneció con mucho calor, por suerte Sophia y Matías llegaron temprano y se fueron directo a la pileta. Llegando el mediodía Sabino y Matías buscaron un lugar a la sombra para poner la parrilla y hacer el asado y al quedar solas Sophia aprovechó

– Ahora me vas a contar que te pasa a vos

– ¿Qué me pasa? ¿Por qué?

– No te hagas la boluda, desde tus quince que no tenés esa cara de feliz cumpleaños.

– No se de que hablás.

– ¿Qué, con lo del silbido que nos contaron Sabi se dio cuenta que estás buena y se le despertó el indio?

– No, no se le despertó nada y ya se que no se quieren pero ya discutí ayer con él por eso así no jodan más, vos sos mi amiga, él es mi marido y punto.

– Evidente, con esa reacción me confirmás, si no fue Sabino alguien te hizo sentir al fin… No me lo contarás hoy pero… Ya vas a caer y a mi no me engañás.

– Bueno, basta, no pasa nada…

– ¿Y no podemos sacarnos el corpiño? Algo van a tener que hacer, yo no quiero cama solar de nuevo.

– Sabino dice que hagamos el quincho y que así se levanta la pared y listo, a la brevedad… topless en lo de Lucía…

– Mañana lunes en la inmobiliaria no pasa nada, venite y vamos a ver unas pilchas que quiero mostrarte…

Lucía sabía que la invitación era para seguir con el interrogatorio pero todavía no pensaba contar nada, sentía mucha vergüenza.

Después de comer Sabino se llevó a Matías al estudio y ellas se quedaron en la pileta, Sophia trató en alguna oportunidad de sacarle algo a Lucía pero esta la esquivó siempre y trató de no mirar para la casona porque notó que Sophia se percataba que por ahí venía la cosa… Se conocían desde el jardín de infantes, para ellas era muy difícil tener secretos.

Al otro día Lucía salió temprano a encontrarse con Sophia, a pesar de que los lunes iba Juana no quería estar mucho en la casa.

Hasta el mediodía pudo enfrentar la curiosidad de Sophia pero en el almuerzo cedió

– ¿Me vas a contar o no? No te pido detalles pero nos conocemos mucho ¿No te parece?

– Está bien. Pero sin detalles ¿No?

– Sin detalles

– Estuve con un tipo… Un desconocido…

– ¿Pero la pasaste bien?

– Sí, pero tengo miedo.

– ¿Miedo de él?

– Miedo de él y de mí, fue fabuloso, no puedo pensar en otra cosa.

Lucía no pensaba entrar en detalles pero una vez que empezó a hablar no paró hasta contar todo… Con detalles.

– El problema es que sabe dónde vivís.

– Por eso tengo miedo.

– Pero esos tipos no quieren quilombo, una vez que termine la obra desaparece seguro…

– ¿Y mientras tanto?

– Mientras tanto disfrutá todo lo que puedas, bien merecido lo tenés nena. Estás demasiado buena como para envejecer sin tener buen sexo.

– Pero Sabino no es mal tipo, no quiero cagarlo.

– Una cosa es salir a buscar un tipo para cornear al marido pero vos no saliste… Este te cayó del cielo…

– ¡Sos terrible!

– No querida, a coger que se viene el fin del mundo.

– ¿Qué fin del mundo? Estás loca.

– No, para nosotras el fin del mundo es envejecer, si no vivís ahora estás frita.

Algo más tranquila y con una bolsa de ropa nueva, eso le calmaba mucho los nervios, Lucía llegó a su casa a eso de las cuatro de la tarde. Le llamó la atención que estaba el auto de Sabino y había también una moto.

Le pregunta a Juana por Sabino y esta le dice que está en el fondo con un hombre. Sale al jardín y ve a Sabino hablando con alguien al final del parque.

– Hola

– Hola Lucía, vení que te presento, Pedro, esta es Lucía. Pedro es el encargado de la obra de la casa del fondo y ya que está le encargué que nos haga el quincho.

– Buenas tardes señora, ante todo quiero pedirle disculpas por la falta de respeto del sábado. Fue un peón que tomé ese día pero después de eso ya lo despedí.

– Sí… Bue… Buenas tardes, está bien…

– Hoy cuando salía para el trabajo Pedro se acercó a disculparse, ahí le pedí que pase esta tarde para ver si podemos ponernos de acuerdo y hacer el quincho de una vez por todas.

– No creo que haya problemas, con la casa de atrás tenemos para rato y ya que la herramienta está por acá es más fácil y así terminamos todo junto. Nosotros somos tres y hay momentos en que nos llevamos por delante, si nos separamos mejor.

– En realidad ya nos pusimos bastante de acuerdo, estábamos esperando que llegues porque Pedro se va a ver más con vos que conmigo, por el trabajo.

– Casi siempre la que está en la casa es la señora, además es la que nos pide los detalles.

– Los materiales los pide Pedro, los van a entrar desde atrás, la casona tiene espacio para que un camión llegue hasta la pared de nosotros.

– Sí, ahora con las grúas lo pasan sin problemas para este lado.

– Yo le di a Pedro un plano con las bases, todos los detalles se los das vos ¿Está bien Lucía?

– Sí, supongo que sí.

A Lucía todo le daba vueltas, hacía tiempo que no veía tan entusiasmado a Sabino y a la vez la sonrisa de Pedro, el recuerdo… Saludo como pudo y entró a cambiarse.

Durante la cena la emoción de Sabino continuaba, le mostró el plano y le contó como pensaba él que sería mejor, claro que la decisión final era de ella. Para él mientra haya una parrilla grande, una mesada con pileta, listo.

Lucía le preguntó si eran gente de confianza, que ella iba a estar mucho tiempo sola y no los conocían. Sabino le dijo que a él le había parecido buena gente y que le iba a pedir a Juana que fuese más días, sobre todo que con la obra la casa se ensucia más. Es un mes y listo, casa terminada.

La primer semana Juana fue todos los días, esto tranquilizó mucho a Lucía, a pesar de notar las miradas, no sólo de Pedro sino también de los otros dos. Lucía estaba segura de que sabían lo que había pasado entre Pedro y ella.

El sábado junto con Sabino se pusieron de acuerdo y le explicaron a Pedro que iban a hacer también un baño y los detalles de terminación.

El lunes Juana le dice que no podía seguir yendo todos los días, que igual los muchachos son muy respetuosos, a ella se le complicó en el otro trabajo así que el martes iba hasta el mediodía y el jueves y viernes no podía ir.

La tarde del martes Lucía no salió hasta la hora en que dejaban de trabajar y a pesar de las miradas todo fue normal. Sabino esa semana ya dejó de venir más temprano y llegaba como siempre entre ocho y media y nueve de la noche.

El jueves… Lucía estaba tensa como cuerda de violín, no sabía si Juana había comentado que no iba… Saberse sola con Pedro en la casa la alteraba y a la vez la excitaba ¿Cómo reaccionar si intentaba acercarse a ella?

Trató de salir lo menos posible, lo vigilaba desde la ventana de la cocina, como trabajaban en las dos casa nunca sabía en dónde estaban, a veces era uno otras los tres.

Cerca del mediodía no sentía ruido ni veía a nadie trabajando en su patio, al rato escuchó que trabajaban en la otra casa y se distendió algo y entonces se sentó a comer.

Al tercer bocado siente unas manos en los hombros, ni siquiera se sobresaltó, en el fondo lo estaba esperando…

– ¿Me extrañaste señora?

– …

– Yo creo que sí.

Las manos bajan hasta los pechos, Lucía está quieta, sólo en su respiración se nota algún cambio, nunca usa corpiño en casa así que los dedos enseguida aprisionan los pezones que reaccionan al estímulo irguiéndose.

Pedro la levanta con silla y todo y la aparta de la mesa, la hace parar y rodea la cintura de Lucía y la besa en la boca, beso que ella no resiste, abre los labios y recibe la lengua de Pedro con ansia y rodeo el cuello de él con los brazos.

La empuja despacio hasta un sofá mientras la sigue besando, la sienta y se dispone a abrir el pantalón…

– Pará, esto no puede ser… Mi marido… Basta…

Las manos de Pedro bajan acariciando el interior de los muslos y la entrepierna de Lucía, la mira directo a los ojos, el temblor en los labios de ella lo hacen saber ganador…

– Si no estás mojada me voy… Pero… Si estás mojada vas a ser mi puta… ¿Está?

– Mi marido…

– Si ese te atendiera como se debe no tendrías esos juguetes con que te encontré.

– Pero es que yo…

La mano de Pedro aprieta el sexo de Lucía y la frase de ella queda sin terminar. Los dedos vuelven a desprender el botón y Pedro tira hacia abajo el pantalón, Lucía levanta su cadera para que este salga y se hace evidente la humedad en su tanga… Está transparente de tan mojada…

Después de sacar el pantalón Pedro pide que le de la tanga, Lucía tiembla pero al fin se la da, Pedro la lleva a los labios y la besa

– Sentí que rico, eso es porque me necesitas

– …

– Ahora te voy a comer la conchita esa tan linda que tenés.

Lucía sabe que tiene que resistir, decirle que se vaya pero esta paralizada, el recuerdo del orgasmo que tuvo con Pedro es todavía muy fresco… Y lo quiere repetir. Es consciente de que con su marido nunca va a sentir lo mismo…

La boca se llena en el sexo de Lucía, Pedro recorre con la lengua desde la mota de vello apenas presente hasta pasado el culo y vuelve otra vez. Se detiene en el clítoris, lo toma con los labios, entre los dientes y la lengua, lame sin escatimar cada centímetro.

Lucía se retuerce en el sofá, clava las uñas en los hombros de Pedro que ni se inmuta y sigue lamiendo y sorbiendo, labios, clítoris, ano… Entra la lengua todo lo que puede en las dos cavidades de Lucía, juega con sus dedos recios y hace que ella comience a gemir…

Se levanta y despacio se saca la ropa, la excitación es notable en su pene, se arrodilla y penetra a Lucía. Entra y sale sin dejar de mirarla, le levanta las piernas para legar más profundo

– Sí…

– Te empieza a gustar…

– No hables…

– Dame la camiseta

– No…

– Si no me la das la rompo, quiero verte las tetas, como te sudás.

– Los animales sudan…

– Vos sos mi yegüita putita.

Después de que Lucía le da la camiseta él la abraza y sin salir de ella la levanta tomada de las nalgas, para no caerse Lucía rodea el cuello de Pedro y este movimiento hace que la penetración sea muy profunda, al sentir el jadeo de Lucía, Pedro la hamaca entrando y saliendo, cosa que hace gritar de placer a Lucía

– ¿Qué hacés, dónde me llevás?

– A la cama

– No, al dormitorio no. Ahí duermo con Sabino…

– Por eso, esa cama se merece una buena revolcada.

– Hijo de puta…

– Esa puteada te va a costar.

La tira sobre la cama y Lucía siente el vacío en su sexo, estuvo al borde del orgasmo pero no llegó, respira agitada, está a punto de pedirle que siga pero él casi se sienta en el pecho de Lucía, refriega el pene en las tetas, lo aprieta entre ellas para después acercarlo a la boca, Lucía primero no abre los labios pero él insiste hasta hacerla ceder.

Lucía se acuerda lo humillada que se sintió cuando Sabino la rechazo al querer ella hacer sexo oral… ¿Por qué ahora no? Con lo que había visto en las películas xxx y con mucho de su imaginación, le dio a Pedro una mamada como para la historia.

– Vos a mi también

– ¿Qué querés un 69? No nena voy a explotar

– Un poquito.

– ¡Qué puta sos!

Se estira al revés sobre ella y gira en la cama dejando a Lucía arriba. Abre las nalgas con las dos manos y entierra la cara en el sexo de Lucía que juega con el pene pero ya sin tanta dedicación, la distrae esa lengua que se mueve ansiosa, impaciente entre los labios de su conchita que recién está aprendiendo a sentir.

Con dos dedos en su vagina, uno apretando la entrada de su culo y la lengua de Pedro que no para de lamer su clítoris estalla Lucía en un orgasmo que empapa la cara de Pedro que se ríe satisfecho de provocar así a ésta rubia que de cruzarse con ella en la calle le parecería intocable.

– Nena ahora me vas a coger vos a mi.

– …

– ¡Vamos!

Y suena una palmada en las nalgas de Lucía.

Ella nunca se montó sobre Sabino, muchas veces lo deseo pero con las salidas de él sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal se cohibió siempre…

Lucía se sube sobre Pedro apoyada en las rodillas, con las dos manos se apoya el miembro en su vientre y lo siente contra el monte de venus, lo acaricia…

– Metelo

– ¿Yo?

– Sí nena, vos ¿Nunca lo hiciste?

– … No…

– Levantate… Así… Refregalo en la conchita que se abra… Bien, me volvés loco… Ahora empujá y bajá hasta que entre todo…

-¡Ah!… ¿Así?

– Sí… Ahora subí y bajá… Eso… Sí…

– ¿Así?… Ah… Ah

– Sí… Seguí… Seguí… Más rápido… Más rápido…

– Sí… Sí… Me gusta… ¡Me gusta!… Ah…Ah…

Lucía se lleva las manos a la cabeza, se sacude arriba y abajo, adelante y atrás. Pedro le agarra las tetas y trata de atraerla pero la espalda de Lucía se arquea hacia atrás y aprieta su pelvis con mucha fuerza contra la de Pedro… Otra vez alcanzó un clímax absoluto…

Pedro se arrodilla y le pone el miembro entre los labios, Lucía va recuperando la respiración y comienza a chupar ese pene que la subió al máximo de placer que conoce hasta ahora, ese miembro empapado en su propio jugo, se pone de costado para llegar más fácil a él, en los latidos siente el placer que le está dando y se afana más aún.

– ¡Así nena! Ahora vas a saber lo que quiere decir el bolero con eso de sabor a mi…

Lucía siente crecer el pene en su boca a la vez que Pedro le toma la cabeza y la empuja haciendo que entre hasta la garganta… Se llena toda su boca, tan adentro que la mayoría lo traga sin sentir pero parte queda en su boca… Lo había visto en películas pero jamás creyó que ella lo sentiría… Pensó que le daría asco pero… La excitación tapó toda otra sensación…

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Lucía empieza a vivir

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Lucía tiene 23 años, es rubia, pelo largo, un metro sesenta y cinco con todas la curvas puestas en su lugar pero… Triste…

Lleva cinco años de matrimonio, se casó a los 18 cuando quedó embarazada con el único novio que tuvo, noviazgo que sólo tenía unos meses, no se puede decir que se haya enamorado, la empujaron sus amigas…

No es nada feo y tiene un auto nuevo… Tendrá seis años más que vos pero con el sueldo que cobra te da todos los gustos… No vengas con que es aburrido, te lleva a pasear a dónde le pidas…

Así empezó a salir con Sabino, si hasta el nombre le resulta aburrido y antiguo…

A los dos meses de casada los problemas se multiplicaron, a parte de no tener una vida placentera en el matrimonio comenzó con problemas de salud que terminaron con el embarazo y una infección que le quitó toda posibilidad de ser madre. A esto le siguió un tiempo de depresión, lo único que la sacó fue su empeño en seguir con su carrera de educación física, pasaba el día entero entrenando y si no llegó a obtener el título fue por falta de constancia en el estudio, mientras estaba en actividad iba bien pero sentarse a estudiar… Al quedarse quieta surgía esa necesidad… un cosquilleo en todo el cuerpo…

Con el tiempo se dio cuenta que pasaba… Lucía no tenía vida sexual, eso que pasaba una vez por semana o cada diez días no se podía llamar hacer el amor… Alguna noche Sabino, con la luz apagada y sin ningún juego previo, se subía sobre ella y en menos de diez minutos con unos bufidos grotescos eyaculaba y listo… Eso era el amor para Sabino… A lo sumo se le escapa un que buena estás y a veces hasta le daba uno que otro beso…

Lucía trató en varias oportunidades hablar con Sabino, aprovechó las charlas que daban por televisión sobre sexología pero para él eso era publicidad barata, esas cosas pasan en las películas y los libros pornográficos, la gente decente no se fija en eso…

Hace dos años dejaron el departamento y se mudaron a una casa en un barrio residencial, parque, pileta, tranquilidad y un muro que le daba intimidad total. Esa intimidad y tranquilidad en esas tardes calurosas disfrutando de la pileta y el sol animaron a Lucía, empezó a invitar a Sophia, su amiga de toda la vida y la única que nunca estuvo de acuerdo con el casamiento de Lucía con Sabino.

Así, desde que Lucía le dijo a Sophia que la única ventana que se veía desde el parque era de una casa abandonada, empezaron a tomar sol cada vez con menos ropa, tangas cada vez más chicas, topless y hasta llegaron a nadar desnudas…

Sophia no dejaba de preguntar a Lucía por qué estaba siempre con cara de insatisfacción, directamente sacaba el tema sexual pero esta la esquivaba y cambiaba la conversación pero tanto insistir la convenció y la llevó a una de las reuniones de venta directa de juguetitos sexuales que organizaba como extra a parte de su trabajo.

Esta invitación le valió a Lucía una discusión bastante fuerte con Sabino que siempre trataba a Sophia de atorranta y que era una mala influencia pero Lucía no cedió y defendió a su amiga. Al final quedaron en que haga lo que quiera pero él no pensaba aprobar nada de eso.

En esta reunión conoció a mujeres mucho más liberales de lo que esperaba, sin más vueltas le dijeron que no podía vivir sin tener un orgasmo cada tanto, que si no se buscaba un amante al menos que se masturbe mientras trataba de cambiar la actitud de su marido. Todo esto primero asustó a Lucía que se había criado en una familia muy pacata en la que no se hablaba de sexo nunca y de ahí asó a su vida con Sabino que no era mejor pero claro, también despertó su curiosidad…

Una tarde, cuatro días después de la reunión de Sophia, Lucía estaba sola al borde de la pileta, hacía un calor de esos sofocantes que presagian tormenta. Una vez seca la piel del último chapuzón se empieza a pasar crema para el sol… Estaba sin corpiño y pasar sus dedos por los pezones sintió una cosquilla por todo el cuerpo… Por lo general al pasar esto dejaba enseguida de tocarse pero esta vez, influenciada por la charla en lo de Sophia, se animó a seguir…

Los pezones se erizaron y la respiración se agitó…

El simple roce pasó a ser una caricia firme…

Apretó sus tetas como nunca se había atrevido…

Con los ojos cerrados comenzó a jadear y una de sus manos bajó por el vientre y con timidez acaricia la tanga…

Se arquea la espalda…

Los dedos buscan dentro de la tanga hasta encontrar ese punto siempre había esquivado…

El clítoris se yergue como nunca antes, se moja…

El rubor cubre el rostro de Lucía y los jadeos se atoran en su garganta…

El grito con que culmina el orgasmo de Lucía la trae a la realidad…

Pasada la impresión de la primera experiencia Lucía vuelve a masturbarse en los días que siguieron. Se siente bien, afloja su cuerpo más que cualquier ejercicio…

Al mes va a otra de las citas de Sophia, con mucha timidez comenta su experiencia y termina comprando un vibrador, uno chico, todo metálico muy liso porque tiene miedo que los otro la lastimen. Lo acompaña con un lubricante que le recomiendan por ser también excitante. Todo esto lo lleva escondido a su casa, si lo encuentra Sabino le espera una pelea.

Pasado un año desde que compró su primer consolador hoy Lucía está ansiosa por probar un chiche nuevo, un hermoso pene de silicona con un adicional para excitar el clítoris. Lo tiene hace dos días pero justo fueron los que viene Juana, la señora que viene a ayudar en la limpieza de la casa y que Lucía piensa que está puesta por Sabino para vigilarla.

Tal vez por haber sido el lugar de su primer acto de liberación sexual Lucía prefiere la pileta y el parque para jugar con su cuerpo. Lleva sus dos juguetes al borde de la pileta y nada unos minutos mientras su excitación va creciendo. Se saca su traje de baño, ya hace tiempo que nada y toma sol desnuda con naturalidad, a pesar de las quejas de Sabino que la trata de desvergonzada, se acaricia con la crema bronceadora y lubrica primero su viejo vibrador metálico.

Despacio pasa el vibrador por sus pezones hasta que se endurecen, acaricia su cuello, los labios, saca la lengua y recorre suave todo el consolador, recién entonces lo enciende y pasa otra vez a los pezones, ahora sí baja a la entrepierna, juega con su conchita, ya siempre depilada, no se olvida de su culito, en este último año ha aprendido mucho… Por práctica propia y por muchos videos…

No tiene apuro, sabe que puede tener todos los orgasmos que quiera… Acaba dos veces con el vibrador viejo, una vez en su conchita y después un delicioso orgasmo anal… Ahora está lista para estrenar el nuevo… Antes de lubricarlo lo chupa, lo lame y se acaricia con él… Es distinto al otro, flexible, tibio por haber estado al sol…

Lo que no sabe Lucía es que hace una semana que la casa del fondo, la única de dos plantas, se vendió y ahora el empleado que está empezando los trabajos de refacción está, como hace tres días, disfrutando del espectáculo que ella ofrece. Hasta ahora sólo la había visto nadar y tomar sol pero hoy Lucía además de excitarse ella está poniendo a mil por hora a Pedro, el obrero.

El vibrador empapado por el lubricante y los jugos de Lucía ya está cumpliendo su trabajo, las expectativas de Lucía están más que cubiertas, su excitación es muy superior a la esperada… Con lo ojos cerrados las fantasías sacan a Lucía de la realidad, gira sobre la toalla y se estremece en un intenso orgasmo…

– Me parece que necesitas ayuda

En un sobresalto Lucía abre los ojos y en medio de la confusión que le provoca su excitación  se da cuenta de que la mano que siente en su teta es real, no fruto de su fantasía. Intenta zafarla pero el hombre es muy fuerte y la mira con una sonrisa

– Tranquila, no te voy a lastimar pero después de lo que me estabas mostrando no pensarás que me quede sin hacer algo

– ¿Quién sos? Yo no te mostré nada

– Que te bañes en bolas vaya y pase pero… Que te hagas la paja mirándome y que no me venga para acá es mucho pedir nena…

Mientras dice esto Pedro, que de él se trata, amasa las tetas con una mano y con la otra baja hasta el pene de silicona, que sigue vibrando dentro de Lucía, lo hace girar algo y lo mete y saca jugando con la excitación de ella que con el agregado de la adrenalina fruto del susto parece haberse multiplicado y reacciona con un gemido arqueando la espalda.

Esto es lo que necesita Pedro para lanzarse… La lengua de Pedro recorre las tetas de Lucía con dedicación, nunca tuvo una belleza así, ni siquiera las putitas pagas, el es un simple albañil, no es que sea feo, pero es un hombre ordinario, no tiene casi educación y siempre se movió en ambientes de otra categoría que los de Lucía. Casi cuarenta años, piel curtida por el trabajo lo mismo que el cuerpo, fuerte, duro… Lo opuesto a Sabino que era el clásico oficinista que para colmo no hacía mucho ejercicio.

Pedro se toma todo el tiempo del mundo en recorrer ese cuerpo que siente tan delicado que apenas roza por miedo a que se rompa pero eso que es tan suave para Pedro es lo más viril y recio que ha vivido Lucía y la hace entregarse por completo, toma la cabeza de Pedro y la va guiando a su sexo… Siempre quiso sentir una lengua ahí y Pedro no la decepciona, sin sacar el vibrador lo aparta para liberar el clítoris y lo trabaja con su lengua y con un dedo volviendo loca a Lucía que acaba en un ¡Sííí! interminable.

Viendo la entrega de Lucía y sabiendo que la hizo acabar, Pedro se saca la ropa tranquilo… Lucía muy excitada lo mira y se acaricia los pezones…

El miembro de Pedro está parado y Lucía no puede sacar los ojos de él…

– Te gusta… Tomalo…

Lucía nunca había tenido un pene en su boca pero Pedro no le dio muchas opciones, sin más se lo puso entre los labios y empujó hasta que entro y le provocó una arcada…

– Bueno, vamos despacio, chupá de a poco…

Así por primera vez Lucía mamaba una verga, mucho más negra que la que conocía y sobre todo con menos apuro…

Pedro disfruta la boca de Lucía un buen rato dejando que ella marque el ritmo y mientras le acaricia las tetas y el clítoris… Así se agacha sobre ella para lamer y mordisquear…

Así la va girando y lamiendo la espalda llega al culo… Separa los glúteos y lame… Lame ese anillo rosado, sin vello, lo besa casi con desesperación y Lucía jadea, gime… El vibrador sigue en su vagina… La excitación ya es la única que manda entre ellos…

– ¡Qué culo más bueno!

– Por favor no…

– Te vi gozarlo hace un momento… Ahora no me jodas…

– Yo nunca… ¡No!… Despacio ¿si?

Pedro la pone como perrito y mete la lengua en ese anillo perfecto que es el culo de Lucía, ve el pomo de lubricante y se pone en los dedos y termina la resistencia de Lucía que se relaja y vuelve a gozar sin restricciones… Sabe que va a pasar y ya lo desea…

Pedro se unta el pene y lo apoya en la entrada… Su cara es todo placer y morbo… No puede creer tener así entregada semejante muñeca… Lucía está en la nubes… Jamás se sintió tan atendida por un hombre así, no importa que le pueda doler o que el tipo es un desconocido o… No le importa nada, quiere gozar y punto…

– Nena ahí va…

– Despacio… Me va a doler…

– No, si estás re-caliente…

– Ay… Ay… Ay…

Pedro a la vez que empuja gira el consolador y lo apoya contra el clítoris, esto hace que Lucía se afloje y el pene entra… La cara de Pedro es todo placer… Sigue empujando despacio, Lucía gira la cabeza y lo mira, sabe que no hay dolor, está ajustado pero sintió como se abrió sin lastimar… Lucía se agradeció haber jugado un rato antes con el vibrador en su culo y sin pensar le sonrió a Pedro que empujó hasta el fondo y salió… Entró otra vez y así fue acelerando y acelerando también la excitación de ambos…

– Te está gustando

– Callate…

– Decime que te gusta… Vamos, movete vos también…

– ¿Así?

– Sí… ¿Y, te gusta?

– Seguí… Seguí… Voy a acabar… ¡ACABOOO!

– Aguantá… Yo también… ¡Esooo….!

En ese último grito se aflojan los dos… Pedro cae al costado de Lucía que no logra calmar su respiración… Pedro le saca el vibrador y esto la tranquiliza poco a poco…

Pedro se viste sin dejar de mirarla…

– Voy a estar un tiempo trabajando en la casa del fondo, cuando necesites otra ayudita salí con esos juguetitos que en cuanto te vea vengo.

Se agacha besando a Lucía en la boca y se va saltando la pared del fondo…

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Relatos eróticos para concursar

Bueno… Le agradezco a Ava esta información, ahora me falta un poco de tiempo para teclear, ideas no faltan.

Ava y el sexo

concurso dolce lovePara qué andamos con cosas. La gran mayoría de los lectores de blogs escribimos en blogs (no sé como coño aterriza el resto de la peña en estas páginas perdidas, pero ese ya es otro tema). O sea, que somos una tribu a la que le encanta teclear, y en este mundillo aún más particular de los blogs de sexo lo que se estila es “hacerle al relato erótico”. Yo la primera, claro.

Por eso, a falta de un post “de los míos” (la escasez de tiempo repercute directamente en mi capacidad creativa, vaya novedad) paso a ofreceros otro lapsus informativo, que estoy segura de que interesará a más de uno: un concurso de relatos eróticos.

El concurso es de Dolce Love, la misma empresa que está buscando asesoras de Tuppersex (si os interesa el tema, leer el post anterior, Dolce Love ‘calling‘) y va por su segunda edición…

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Esto no lo planeamos

Erebo sin límites

Con mi pareja tenemos una vida sexual muy activa y sin muchos prejuicios, nos gusta jugar y buscarnos mutuamente. Lo que no hemos llegado a hacer es introducir otras personas en nuestras relaciones, si lo hablamos y fantaseamos, nos desafiamos muchas veces comentando mirá como te mira fulano o esa amiga tuya te quiere acosar, que te parece si invitamos a tu amigo a que venga un fin de semana y hacemos una fiesta y esas cosas pero nunca pasó de ser un juego para endulzar la relación. Por ejemplo en una oportunidad en la sala de espera de un consultorio estábamos junto a dos hombres mayores y él me manda un mensaje al celular “¿Qué tal si mientras le hago el amor a la recepcionista te ocupas de los señores?”. Ese era el tipo de juegos que teníamos, en realidad muy inocentes, con comentarios como “te…

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Me mira… sé que me mira.

Erebo sin límites

No fue enseguida, tardé un tiempo. Con la emoción de tener mi primer departamento, no alquilado, mío. Mudanza, comprar algunos muebles, esto aquí, aquell

o allá. Las primeras visitas. Todo emocionante.

El departamento no es gran cosa, un dos ambientes, cocina con lugar para una mesa con cuatro sillas, ni una más, el baño y un lugar grande donde ubicar sala, escritorio y habitación. Eso si, un balcón con unas ventanas espléndidas.

A las semanas de haberme mudado vinieron mis compañeros de trabajo a conocer mi nuevo hogar y claro, armaron enseguida una fiesta. Ese día uno de los chicos, bastante atrevido él, fue el que me hizo prestar atención, por hacerse de vivo me dice desde el balcón

– Si no pones cortinas más gruesas me voy a conseguir uno de los departamentos de ahí enfrente para verte al levantarte y acostarte.

En ese momento tomé conciencia de las ventanas del…

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Engaño otoñal

Erebo sin límites

Primera parte: Lluvia y llanto

 

Ayer tuve una pelea con Mario, mi marido. Trabajo en un gimnasio, doy clases de aerobic por la mañana y de modeladora por la tarde. La pelea fue porque me quiero comprar un auto, aclaro que con mi plata, gano bastante bien y no gasto en pavadas. Según él para lo que quiero el auto es para salir a atorreantear con las “trolas del gimnasio”. Sus celos son enfermizos, si bien con mi actividad tengo trato con muchos hombres y estoy bastante apetecible, eso no quiere decir que sea una atorranta.

En fin, quedamos bastante para la mierda y él se fue a trabajar en su auto, él si tiene. Trabaja en un hospital, es encargado de enfermería en terapia intensiva y tiene dos guardias nocturnas a la semana de las que reniega porque tiene que bancarse a las/los estudiantes que hacen guardia todas…

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¡Me lo busqué! …Final

Erebo sin límites

Bueno, en nuestra segunda experiencia juntos de jugar con las letras, @Lady_Godivall escribió este final para el relato Me lo busqé!. 
Espero les guste y que comenten que les parece esto de compartir la escritura de un relato. 

Me desperté y estaba sola, los encontré en el patio preparando una picada, hacía un calor pegajoso, clásico de esos días de mediados de diciembre.
– Hola.
– Hola hermosura, vení a comer algo, estarás con hambre.
– Necesito ir al baño y una ducha, después vengo.
– La última puerta.
Cuando vuelvo el que me atiende es Ramiro, me sirve cerveza y pasa algo para comer. Víctor desaparece de la escena.
_ Y rubia? vas a seguir visitándonos? me dice Ramiro
Lo miro con una mezcla de odio, rechazo y salvaje atracción…realmente estos dos me han despertado instintos que jamás pensé encontrar en mi.
Victor desaparece de mi vista y eso…

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¡Me lo busqué!

Erebo sin límites

Este relato está hecho en colaboración con una amiga de otro sitio, la primera parte, esta, la escribí yo y la segunda mi amiga:

Estoy acostumbrada a que los hombres se lancen en cuanto les doy algo de conversación pero este, justo uno que me gusta, se le ha dado por respetarme. Tengo que hacer algo.
Todos los días a la mañana salgo a correr, nunca sigo el mismo camino y hace unas semanas encontré una plaza muy chica pero con esos aparatos para hacer gimnasia, poco concurrida a esa hora, entro a estudiar a las 8 hs. así que voy ni bien sale el sol.

No queda muy cerca de mi departamento y me quedé sin agua, me cruzo a un kiosko y ahí lo conocí, Víctor, no se si es lindo pero me mató su educación, muy respetuoso, tímido, todo amabilidad. Algunos años más que yo, tengo 19…

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Reflexiones o respuestas

Hace unos días en un foro me preguntaron por qué escribo sobre sexo. En ese momento me pareció no haber aclarado muy bien el motivo, un poco por el lenguaje, a pesar de hablar todos español los modismos pueden ser muy distintos y tornan un dialogo de chat un tanto confuso así que voy a intentar explicar y por lo tanto entender yo mismo el por qué.

Me atrae del sexo una ambigüedad que veo en él, por un lado si vemos al sexo desde el punto de vista de la culminación del amor y la búsqueda de placer, este nos diferencia con claridad del resto de los animales.

Ahora, a su vez el sexo conserva un lado instintivo, salvaje, la atracción de los individuos de género opuesto muy ligada a la procreación, la conservación de la especie y hasta la selección del ejemplar más apto o más fuerte. Esto ha ido cambiando a lo largo de la evolución y la fortaleza física en muchos casos es reemplazada por la estabilidad económica o el sitio en la escala de poder. Vemos, sobre todo en la adolescencia, el éxito que tienen los líderes deportivos, políticos o artistas por sobre los individuos que no sobresalen en alguna actividad pública, lo que no significa que estén menos dotados que los otros, sólo que no tienen un perfil visible. En ámbitos más marginales los líderes de las pandillas o bandas están siempre rodeados de las mujeres más deseadas. Estas actitudes son las que veo semejantes a las de los animales que viven en manadas, el ejemplar más fuerte, el dominante, es el que tiene privilegios a la hora de encontrar pareja.

En los humanos se ha dado casi siempre con la presencia de el macho dominante, el macho proveedor y que brinda seguridad, ahora vemos que hay un cambio, las mujeres adoptan en muchos casos ese rol dominante, tal vez ligado a la independencia económica o a la libertad que obtuvo en los últimos tiempos pero, a pesar de ser tapado por la innata hipocresía de los humanos, el sexo está siempre como objetivo. Lo que antaño daba la posición de supremacía por fuerza física ahora lo brindan otros logros que otorga la sociedad y que genera esa lucha permanente entre instinto y sentimiento. No existen a caso las uniones por conveniencia desde el vamos o matrimonios que se llevan a las patadas pero por no perder una posición social o económica siguen adelante, no está eso más ligado al instinto que al amor.

Por eso hablo de ambigüedad en el sexo, mezcla de instinto animal, primitivo y humanidad. Lo humano nos lleva al amor, al placer y no digo que siempre estos vayan de la mano, estoy seguro que se alcanza placer sin necesidad de que exista amor. El instinto animal lo veo en las relaciones por conveniencia, sólo para lograr la seguridad y la procreación pero también ese instinto que aparece entre dos personas que se cruzan y sin intención o motivo aparente se ven atraídos sin importar las consecuencias, ese encuentro que tal vez sea rápido, furtivo, alejado de toda razón pero con una intensidad altísima, sin importar la duración de esa relación.

Esa mezcla es lo me atrae a escribir sobre sexo, jugar entre lo sentimental y lo instintivo y darle prioridad a las fantasía por sobre la realidad, jugar con la parte salvaje inserta en la sociedad, poner la carga de morbo que buscamos al mirar las noticias amarillas de las páginas policiales.

Muchos critican el lenguaje vulgar que encontramos en casi todos los relatos erótico o sobre sexo, es posible usar otro lenguaje pero… ¿cual usan ustedes en su vida cotidiana? ¿Cuándo fue la última vez que le dijeron a su pareja “cómo me gustan tus cunilunguis”? o ¿No me harías una felación? La idea es ubicar el relato, por más fantasioso que sea, en un plano real, que sea ficción no implica que no deba ser contado de forma creíble o… ¿Qué pasa con la ciencia ficción o las historias de monstruos, fantasmas y ese estilo.

Espero haber aclarado algo el por que escribo relatos sobre sexo, creo que las relaciones entre personas son el motor de la sociedad y el sexo es una de las relaciones más comunes.

Desde ya que todo esto son simples reflexiones mías, no tienen ningún respaldo académico ni pretenden tenerlo, en todo caso si esto sirve para abrir el debate, bienvenidos sea.

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