Se enojó mi novia y miren… La versión de ella


Hace más de tres años mi novio escribió lo que nos pasó una noche en un bar y como yo fui la protagonista principal desde entonces insiste en que escriba mi visión de lo que pasó.

Al principio me pareció una locura, ya no me gustó que él cuente nuestras intimidades y menos me parecía contarlas yo pero… Desde esa noche nuestra vida dio un vuelco y muchas de las cosas que estaban muy lejos de nuestra pareja se fueron incorporando así que al final acepté, con algunas condiciones pero aquí estoy escribiendo.

Primera condición, contar como fue que llegué a hacer las cosas que hice esa noche.

Segunda, no me puede editar ni censurar.

Tercera, la más complicada, no se puede enojar.

Antes que nada voy a presentarnos que él no lo hizo, yo soy Caro y mi novio Mati, Carolina y Matías, es cierto que somos del interior pero no vivíamos en el pueblo sino en el campo y aunque las estancias no son linderas, las familias se conocen de toda la vida y fue casi un hecho natural que nos convirtiéramos en novios, estaba en los planes familiares desde nuestro nacimiento y por otro lado siempre congeniamos en todo… Bueno, en casi todo.

Hasta que llegó la hora del sexo no tuvimos nunca un problema pero ahí la cosa se complicó. Mati es muy lindo, tiene un pene muy grande y lo usa muy bien, pasa que no tiene imaginación… Nuestro sexo era una repetición constante, no poco y no malo… Rutinario, se podía predecir cada movimiento.

En esa época en una charla entre amigas alguien dijo “al final hay que ser puta, ellas se mantienen más jóvenes y nunca tienen cara de insatisfechas…”

Ese comentario me empezó a dar vueltas en la cabeza y no lo podía dejar de lado, ahora, ser puta en una comunidad como la nuestra no era fácil, por un lado todo se sabe y por el otro dentro del grupo ninguno iba a atreverse con la novia de otro. (Al menos eso es lo que pensaba yo entonces).

Yo desde chica anduve siempre metida en el trabajo de la estancia, mi viejo lo permitió porque no tuvo hijos varones y mi hermana mayor sirvió nada más que para casarse y ser una señora gorda más… Así que yo andaba a caballo y entre la hacienda como un peón más y hasta a veces compitiendo con alguno de ellos, con la tranquilidad de que por ser la hija del patrón nunca me faltaban el respeto pero claro, las conversaciones de los peones no siempre son las indicadas para una “señorita”. Me enteré de muchos chismes en esos días de trabajo en los corrales.

En una de esas jornadas de vacunación, yerra y embarque y que yo justo estaba con el lío este de las castas ama de casa con cara de sufridas y las putas felices y contentas (vale aclarar que no me refiero a las putas que hacen la calle que suelen ser muy maltratadas por la vida sino a las putas por vocación y no por dinero) escucho que estaban jodiendo a uno de los transportistas con que con  él todas las mina se volvían putas.

Presto atención, unos 35 o 40 años, alto, ni flaco ni gordo, algo rubión, de ojos claros. No muy hablador pero si con una mirada fuerte con esos ojos claros.

A la hora de la siesta me voy para el monte dónde sabía que esperaban los camiones para cargar, él no había cargado a la mañana y por un atraso del veterinario tenía que esperara al otro día.

-Hola.

-Buenas, ¿buscás al vete?

-No ¿por?

-Como no te sacó los ojos de encima en toda la mañana… Y por eso estamos varados.

A parte de él había otros tres camiones pero habían soltado los acoplados y salido para el pueblo.

-Entonces te debo una disculpa, no fue mi intención distraerlo.

-Lo tenés como loco.

-Pero no tengo nada que ver, yo tengo novio.

-Así dicen… ¿Y que hacés entonces por acá?

-En realidad te buscaba a vos, hoy escuché un comentario a cerca de vos.

Y ahí nomás, con el mayor descaro le dije lo que me pasaba como si fuese mi mejor amiga de toda la vida.

-A ver si entendí, como te aburrís con tu novio y te dijeron que las putas son más felices, querés ser puta y por lo que dijeron hoy los vagos, yo soy maestro de putas. ¡Estás loca!

-Sí, eso es lo que dije, quiero ser una atorranta y acá no puedo, todos me conocen y conocen a mi novio. Vos sos de afuera, venís seguido y tenés fama de buen amante. No necesito otra cosa.

-¿Hablás enserio? Acá nos puede ver cualquiera y yo a mi camión no te subo, no quiero perder el laburo con tu viejo.

-Viniendo para acá hay un puesto abandonado, el monte lo tapa todo, nadie se acerca pero mi novio y yo lo arreglamos para ir a escondernos. Si no querés ir con el camión, aunque no se ve del camino, en el patio hay un alazán ensillado, son diez minutos al galope. Te espero allá.

Di la vuelta, monté y salí al galopito corto para el que fue el puesto de la bruja, por eso nadie se acerca.

Lo esperé en un banco bajo el alero. Llegó con el camión.

-Acepto pero con algunas reglas, dos, se termina con el verano y si vas a ser mi puta no me discutís ni te negás a nada.

-Hasta pasada la pascua, que me voy a estudiar a la capital. Unos seis meses. Y está bien no cuetiono nada más. Podés hacer de mi lo que quieras.

Entramos y se sentó a la mesa, me hizo señas para que me acerque y me siente sobre la mesa frente a él. Me sacó las botas

-Vamos a ver desde dónde arrancamos ¿Te tocás?

-¿Qué?

-Si te tocás, si te pajeas.

Me puse como un tomate y no contesté.

-Dale, tocate.

Toda temblorosa bajé la mano y la puse sobre mi entrepierna, al rozar mi concha noté que estaba muy caliente, me corrió electricidad por la espalda y sentí calor en mi cara. Sin pensarlo apreté mi mano y me acaricié fuerte.

-¿En que pensás, que te chupa o que se la chupas?

-No sé, nunca lo hicimos

Mi calentura iba subiendo

-Pero se tocan, lo pajeas y te pajea.

-Sí, un poco.

Por mi cabeza pasaban  las imágenes que veía en la compu y las veces que pensé que lo hacíamos con Mati. Tiré la cabeza para atrás y cerré los ojos.

-No, no dejes de mirarme, tocate las tetas ¿No te gusta que te las chupe?

No le contesté, llevé mi mano a los pezones que casi se salían de la musculosa, no llevaba corpiño.

-Dame la camiseta.

Yo sabía que este momento iba a llegar y no estaba segura de que iba a hacer. Me mantenía la mirada y extendió una mano pidiendo mi musculosa. Temblando se la di.

-Seguí tocándote. Desabrochate el pantalón meté tu mano adentro.

Antes de meter mi mano dentro del pantalón me agarré las tetas con las dos y las estrujé, estaban duras, muy sensibles. Al tocar mi tanga sentí la humedad de mi concha.

-Por adentro. Buscá tu clítoris metete un dedo adentro.

Cuando toqué el clítoris no pude contener un grito al meter el dedo se mojó todo.

-¿Estás mojada?

-Sí… Mucho… Ah… Mm…

-Mostrame… Meté dos… Chupalos… Otra vez… Seguí…

No podía creer que me estaba chupando mi flujo. Él sin dejar de mirarme se abre el pantalón y saca su verga, dura, no más grande que la de Mati. Se soba despacio mientras yo sigo pajeándome y chupando mis jugos.

-Dame el pantalón… La bombacha.

Sin dejar de pajearse con la otra mano me saca las medias y me acaricia los pies, las piernas, los muslos. Se para y me acerca al borde de la mesa, siento la verga en mi concha, firme contra mis labios. Me besa, la lengua investiga toda mi boca y después la oreja y el cuello.

-Así que nunca te chupan…

Si lo que pretendía era que le conteste… Yo estaba en otro mundo, lo único que hice fue sacar mi pelvis más afuera y pegarme a esa chota que me quemaba.

Jugaba con mis pezones, uno en su boca el otro pellizcando con los dedos… La boca siguió bajando, frenó en el ombligo y sentí como lo inundó de saliva, con las manos en mis tetas me fue empujando hasta quedar acostada sobre la mesa.

Abrió toda la boca y se metió toda mi concha, la lengua se abrió camino hasta el clítoris y yo empecé a temblar, apreté mis tetas y me arquee hacia atrás. Lamió los labios y los separó dejando libre mi entrada, con golpes de la punta de la lengua muy suaves recorrió todo el contorno antes de meterla todo lo largo que era, mis piernas se estiraron y tensaron.

Cuando volvió al clítoris revénte, como un resorte me incorporé, agarré su cabeza y la apreté contra mi, crucé las piernas sobre él y grité

-¡Ah! ¡Sí! ¡Mm! ¡Más!

Se levantó y se pegó a mi boca, empapado por mis jugos. Desesperada le rodeé el cuello y chupé los flujos que había en su boca y su cara

-¡Cogeme! ¡Por favor! ¡Cogeme!

Se aparta algo y acaricia mi cara, mete los dedos en mi boca y amasa mis tetas.

-Cogeme…

-No, hoy no

-Pero mirá como estoy, mirá como estás vos

Le digo agarrando su verga que parecía que iba a explotar.

-Vos acabaste… Mejor que en toda tu vida. Ahora te vas ocupar de mí.

Tomando mi cintura me baja de la mesa, gira la silla y se sienta. Yo quedo frente a él. Se pajea despacio, todo a lo largo de la verga, tira de mi mano para que la agarre y me dirige a que siga a esa velocidad, lento, suave. Me hace arrodillar y apunta la verga a mi cara, me acerco indecisa, no me espera, una mano en mi nuca me hace apoyar la boca en la cabeza de su chota, la pasa húmeda por mis labios.

-Sacá la lengua… Empezá por la punta y recorrela toda.

Al principio me daba cosa, más lamía más se mojaba la punta pero al sentir los latidos de la excitación me relajé y volvió mi calentura. De lamer con apenas la punta de la lengua las lamidas se hicieron largas y más húmedas, mi saliva fue mojando toda esa verga.

Me tomó la mano y me hizo que lo pajeara además de lamer, enseguida agarrándosela de la base con una mano y a mí de la nuca la fue metiendo en mi boca… Entra y sale como cogiendo la boca. Cada vez más rápido y al fondo, me dieron arcadas pero no paró hasta que de golpe me tira del pelo con las dos manos llegando hasta la garganta y se quedó quieto ahí.

La rigidez y los latidos me anunciaron lo que venía… Acabó en mi garganta, los dos primeros chorros pasaron directo a mi estómago, ahí me soltó siguió eyaculando en mi boca y ya fuera en mi cara y chorreó a mi pecho.

-Ya vas a aprender a tragar todo.

Me limpié con la mano como pude

-Eso, limpiame a mí también… No, con la mano no, con la boca.

A pesar de mi aprensión inicial toda la escena me calentaba muchísimo, así que enseguida puse su verga en mi boca y se la chupé como toda una experta del porno, casi con fervor. Tanto que revivió, iba creciendo en mi boca y yo me esmeré más aun.

Cuando la tuve bien a punto la saqué de mi boca y se la mostré orgullosa mientras lo seguía pajeando apoyada la verga en mi cara.

-Creo que vas a servir, te voy a hacer una buena puta.

-Cogeme

-Te lo ganaste.

Me puso de panza en la mesa, me restregó un par de veces la chota en la concha que estaba empapada y me penetro de una sola vez, no esperó a que acostumbre a tener la verga dentro, se agarró de mi pelo y me cogió como si le fuera la vida. Creo que su intensión era acabar antes que yo y dejarme caliente pero mi calentura era extrema, a pesar de semejantes sacudidas llegaron mis temblores, me tuve que agarrar de los bordes de la mesa porque la sensación era que caía en un abismo… Un orgasmo tan intenso que lo hizo acabar a él también casi con tanta fuerza como el primero, sentí los golpes de semen en mi interior.

Nos seguimos viendo cada diez o quince días que venía a llevar o traer hacienda. Me subía siempre la apuesta, cambio de posiciones, me hacía tragar sus acabadas, cogimos al aire libre. Un día yo fui directo del corral y me dijo que olía a caballo y me hizo bañar afuera en la canilla del molino, agua helada pero cuando me cogió así toda mojada y con la sensibilidad al palo por el frío se lo agradecí, que orgasmo…

Ya estábamos a fines de febrero y un día entro y estaba en la cama

-Sacate todo y vení, trae lo que está en la mesa

Me desnudo y voy hasta la mesa, había un frasco de plástico sin inscripciones, lo llevo.

-Ponete como perrito y pajeate.

Me besó un rato las nalgas y el agujerito de mi culo. Lo lamió con dedicación, me metía la lengua y me apuraba la mano cuando por casualidad dejaba de pajearme.

Sentí un liquido cayendo en mi culo, lo desparramó con los dedos, ya sabía lo que quería hacer, buscaba la virginidad de mi culo, tuve miedo, siempre oí que duele mucho, pero no dije nada, todo lo me había hecho hasta ese día me dado más placer que dolor o vergüenza.

Sentí los dedos que fueron entrando en mí, alguno molestó pero pasó rápido, si me quejaba agregaba más lubricante y seguía más despacio. Lo sentí acomodarse atrás mio me penetró por la concha, bombeando despacio.

-No dejes de tocarte.

Cuando yo aceleré mi toqueteo se apuró él también, me agarró las caderas y me dio el impulso a mí. Todo el tiempo siguió con los dedos en mi culo. Mi calentura era como la de la primera chupada, estaba a punto de caramelo.

Ahí, en ese momento en que sentí que venía mi orgasmo la sacó, la apoyó en mi culo y apretó. No sé si me dolió, el sentimiento fue otro. Como hubiese salido de mi cuerpo y viese la situación desde afuera. Me vi a mí y vi su verga en mi culo, entraba despacio, la cabeza y frenó, otro poco y quieta, la mitad, sale un poco y el dedo repone lubricante, se mueve y entra, ahora no frena, sigue hasta el final y para contra mis nalgas.

Una mano recorre mi espalda desde la nuca hasta abajo y me empuja algo hacia adelante, me sostiene y tira para atrás, así entra y sale.

Ahora la que se mueve soy yo, cada tanto giro la cabeza y veo su cara de placer y satisfacción, esa cara llena de lujuria que me excita al máximo. Ya no me alcanza tocarme, tengo dos dedos en mi vagina y siento la pija en mi culo entrar y salir, la puedo palpar desde dentro de mi vagina. Me duele sí, pero eso no es importante, vale más la excitación, el placer. Una voz me vuelve a mi cuerpo.

-¡Acabá!

Ni cuenta me había dado que estaba tan cerca, en dos sacudidas llegué con grito y él se clavó y sentí su semen, el primero en llenar mi culo.

 

Me parece que esto se está haciendo muy largo así que lo dejo acá y en otro capítulo les cuento en que quedó la relación con el camionero y la noche del bar…

Sean pacientes…

 

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