El diario de mi mujer. Cinco años de cuernos


Soy, digamos M. Con mi mujer, a quien voy a llamar ‘Q’, estamos casados hace cinco años. Llevábamos dos de novios y cuando me recibí me salió un trabajo en el interior, nos casamos y nos fuimos a un pueblo chico, alejado de las rutas principales, muy tranquilo donde todos nos conocemos. Para llegar a una ruta importante hay que hacer cien kilómetros y a otro pueblo doscientos o ciento cuarenta por camino de ripio.

Q dejó su carrera con todas la materias cursadas, sólo le falta la tesis para recibirse pero con mi sueldo de geólogo en una minera multi-nacional nos sobra, así que lo va dilatando.

Tenemos una linda casa en el lado nuevo del pueblo, lotes grandes con un jardín grande, nuestra camioneta, no podemos quejarnos.

Por lo general yo me manejo con vehículos de la empresa así que Q usa la nuestra pero hace unos meses tuve que ir a la ciudad por un trámite personal así que no quise usar una de la empresa y me la llevé.

A los pocos kilómetros de ruta ya no captaba ninguna emisora de radio y veo que por suerte Q se había olvidado su pendrive en el equipo de música. Me gustaron los temas que tenía así que a la noche lo llevé al cuarto del hotel para pasarlos a mi portátil. Al revisar las carpetas me encuentro con una llamada “oiraiD”. La quedo mirando un momento hasta que veo que es Diario escrito al revés.

Me contuve por casi una hora sin abrir esa carpeta pero… La curiosidad mata al gato… Claro que muere sabiendo.

Las primeras entradas eran casi diarias pero muy escuetas, sin detalles.

“Nos casamos”

“Viaje a nuestra nueva casa”

Así sin detalles hasta que al fin una se explaya.

“Seis meses… Ayer se cumplieron seis meses de matrimonio y yo como una perfecta ama de casa.

Seis meses con un solo hombre… Ya no aguanto más”

Cuando leí eso de un solo hombre sentí fuego en el estómago. Decidí no salir a cenar, tenía que enterarme de que se trataba esto. Pedí que me traigan algo a la habitación y abrí todos los archivos y los copié en mi portátil, llevé el pen a la camioneta y lo dejé como si no lo hubiera visto. Me instalé en la cama y empecé a leer.

“Hoy M tiene guardia así que tengo hasta medianoche para mi, no lo voy a desperdiciar, me voy al parador de la ruta, algo tendrá que salir y ahí no me conoce nadie”

“¡Cómo extrañaba esto! Yo no nací para ser fiel, necesito esa adrenalina de saber que lo que hago está mal… Y si está muy mal mejor.

Sabía que en esos paradores hay trampa, me fui con esos short de jean bien apretados, la musculosa negra, mi pancita al aire y con la ventaja de tener pocas tetas no necesito corpiño. Igual con mi culo los vuelvo locos.

¡Qué calor! Dejé el auto a la sombra, lejos del café, faltaba un rato para el mediodía. Me senté adentro y pedí una cerveza. Esperé a que se vayan todos los estaban cuando llegué y con otra cerveza salí a sentarme a sombra, cerca de donde paran los camiones. No había muchos pero los que pasaban no dejaban de mirar, alguno saludó con picardía pero no pasaban de ahí.

Ya estaba terminando mi botella cuando pasa uno de vuelta de los baños secándose el pelo.

Me dice que hace mucho calor que si no quiero conocer su camión que tiene aire acondicionado. Lo esquivo diciendo que el cambio de temperatura me iba a hacer mal pero me aclara que estaba apagado, que lo enciende al subir, además que ya no tenía nada en la botella y en la cabina había una heladera con cerveza bien helada.

Una tentación y él también. Mayor, me llevará quince o veinte años, flaco, fuerte y sabía lo que quería. Lo seguí y al ayudarme a subir me metió la mano en el culo, me di vuelta para mirarlo y en lugar de achicarse me pasó el dedo bien por la raya, me alcanza una lata y abre una para él. Me paso la lata fría por la frente y él me la pasa por uno de mis pezones. Acá te hace bien, me dice. Cuando el pezón reacciona al frío la pasa por el otro. Mostrame que lindos quedaron. Le pido que cierre la cortina para que no nos vean y me saco la camiseta, los roza con el revés de un dedo y los pellizca. Dame el pantaloncito, me dice.

Apoyada en la cucheta desde atrás me lame mis dos agujeros ¡Qué cosa más rica! Una lengua nueva, distinta, la gente que pasa y se los oye hablar. Cada tanto me chorrea algo de cerveza helada desde mi cola y me estremezco. Me hace acabar y casi me zambullo sobre su pantalón para sacar la verga y comerla con desesperación, me atraganto de verga, chupo sus huevos y cuando lo tengo tieso me siento sobre él que con las manos en mi culo me sube y me suelta para clavarme toda la verga. Lo siento acabar y sigo para tener otro orgasmo, me aprieto a su cuello con la boca contra la de él para no gritar.

Me levanta y me pasa al otro asiento. Nena andá que tengo que descansar, me faltan muchos kilómetros para llegar.

Me puse a pensar y desde el día del casamiento que me cogí al primo de M que no tenía un orgasmo así.

¡Ahora sí vuelvo a ser yo!”

Cuando terminé de leer esto no entendía nada, por un lado estaba con los ojos llenos de lágrimas de bronca, celos, indignación pero… La pija dura a reventar…

Seguí leyendo casi toda la noche, no podía creer de las cosas que es capaz Q… Si me tienen paciencia ya les voy a ir contando…

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5 respuestas a El diario de mi mujer. Cinco años de cuernos

  1. ahlamy sar dijo:

    Espero la siguiente entrega, con paciencia , pero un poco ansiosa

  2. Pingback: El diario de mi mujer. Cinco años de cuernos | Charlas CalientesCharlas Calientes

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