La sorpresa de Lucía


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En los días que siguieron a la experiencia con Pedro (http://wp.me/p3X4QI-31), Lucía estaba por un lado asustada, jamás pensó que pudiera suceder algo así en su vida pero por otro lado se sentía llena, por primera vez estaba satisfecha…

Al día siguiente como estaba Juana no se preocupó mucho. El sábado Sabino se quedaba en casa, le preocupaba que pudiese pasar luego…

El sábado en el desayuno comenta con Sabino

– No te vas a tener que preocupar más porque tome sol sin ropa…

– ¿Se usa el pálido este año?

– No, pero se vendió la casona del fondo y hay gente trabajando ahí… Desde la planta alta se ve nuestro jardín.

– Entonces son dos buenas nuevas, mi señora deja de ser exhibicionista y el hecho que la casa esté ocupada le da más seguridad a la nuestra.

Lucía le hace una mueca y se levanta a cambiarse, ya que está él va a salir a tomar sol y nadar para ver que pasa y que actitud tiene Sabino con sus vecinos.

Sale con una micro bikini y al pasar le dice a Sabino que la acompañe.

Antes de que llegue a la pileta y que Sabino salga de la casa se oye un silbido de admiración que viene de la casa del fondo. Sabino se apura a llegar junto a Lucía con cara de furia.

– Parece que no son muy respetuosos los nuevos vecinos.

– Debe ser gente que está trabajando, se escuchan golpes y ruido de herramientas…

– Está bien que tu mallita es bastante provocativa pero en su casa uno tiene derechos…

– Si tenemos una pileta es para que la use ¿No?

– Sí, algo habrá que hacer… Tal vez llegó el momento de construir el quincho en el fondo y así se levanta la pared y queda todo como antes.

– Hablando de quincho y parrilla, acordate que mañana vienen Sophi y el novio.

– El novio ¿Cuál?

– No seas malo, Matías, si me dijiste que te gustaba, es más, cuando vino la otra vez lo acaparaste toda la tarde.

– Ah, ese sí, pero como cambia tan seguido…

– Dejá de criticar a mi amiga, que los tuyos no son santitos…

– ¿Por qué?

– Cuando vamos a las cenas de la empresa tus amiguitos me miran como si quisieran echarse encima mio ahí mismo, decí que no les doy lugar si no…

– Eh, no será para tanto, pasa que después de unas copas…

– ¿No será para tanto? A la mujer de Martínez la encontramos cogiendo en el estacionamiento ¿Te acordás?

– Bueno, tanto no vimos…

– Perdón… Tenía la tanga en el tobillo, la pollera levantada a la cintura y el cadete entre las piernas…

– …

– A parte es mi amiga de toda la vida, ni mi familia ni la tuya me ayudaron cuando estuve mal y Sophi no faltó ni un día.

– Cierto, no se hable más. Voy a comprar carne y carbón…

– Espera que nado un minuto y entro, no quiero estar acá sola…

Lucía cruza nadando dos veces la pileta y entra junto a Sabino, de reojo mira la casa del fondo. Cuando escuchó el silbido un golpe de electricidad recorrió toda su espalda, sin necesidad de tocarse sentía la humedad en su sexo.

No volvió a salir, se entretuvo preparando una ensalada y el postre para el día siguiente pero como en todos estos días a cada rato se encontraba mirando la casona y muchas veces se descubría una sonrisa en su boca.

El domingo amaneció con mucho calor, por suerte Sophia y Matías llegaron temprano y se fueron directo a la pileta. Llegando el mediodía Sabino y Matías buscaron un lugar a la sombra para poner la parrilla y hacer el asado y al quedar solas Sophia aprovechó

– Ahora me vas a contar que te pasa a vos

– ¿Qué me pasa? ¿Por qué?

– No te hagas la boluda, desde tus quince que no tenés esa cara de feliz cumpleaños.

– No se de que hablás.

– ¿Qué, con lo del silbido que nos contaron Sabi se dio cuenta que estás buena y se le despertó el indio?

– No, no se le despertó nada y ya se que no se quieren pero ya discutí ayer con él por eso así no jodan más, vos sos mi amiga, él es mi marido y punto.

– Evidente, con esa reacción me confirmás, si no fue Sabino alguien te hizo sentir al fin… No me lo contarás hoy pero… Ya vas a caer y a mi no me engañás.

– Bueno, basta, no pasa nada…

– ¿Y no podemos sacarnos el corpiño? Algo van a tener que hacer, yo no quiero cama solar de nuevo.

– Sabino dice que hagamos el quincho y que así se levanta la pared y listo, a la brevedad… topless en lo de Lucía…

– Mañana lunes en la inmobiliaria no pasa nada, venite y vamos a ver unas pilchas que quiero mostrarte…

Lucía sabía que la invitación era para seguir con el interrogatorio pero todavía no pensaba contar nada, sentía mucha vergüenza.

Después de comer Sabino se llevó a Matías al estudio y ellas se quedaron en la pileta, Sophia trató en alguna oportunidad de sacarle algo a Lucía pero esta la esquivó siempre y trató de no mirar para la casona porque notó que Sophia se percataba que por ahí venía la cosa… Se conocían desde el jardín de infantes, para ellas era muy difícil tener secretos.

Al otro día Lucía salió temprano a encontrarse con Sophia, a pesar de que los lunes iba Juana no quería estar mucho en la casa.

Hasta el mediodía pudo enfrentar la curiosidad de Sophia pero en el almuerzo cedió

– ¿Me vas a contar o no? No te pido detalles pero nos conocemos mucho ¿No te parece?

– Está bien. Pero sin detalles ¿No?

– Sin detalles

– Estuve con un tipo… Un desconocido…

– ¿Pero la pasaste bien?

– Sí, pero tengo miedo.

– ¿Miedo de él?

– Miedo de él y de mí, fue fabuloso, no puedo pensar en otra cosa.

Lucía no pensaba entrar en detalles pero una vez que empezó a hablar no paró hasta contar todo… Con detalles.

– El problema es que sabe dónde vivís.

– Por eso tengo miedo.

– Pero esos tipos no quieren quilombo, una vez que termine la obra desaparece seguro…

– ¿Y mientras tanto?

– Mientras tanto disfrutá todo lo que puedas, bien merecido lo tenés nena. Estás demasiado buena como para envejecer sin tener buen sexo.

– Pero Sabino no es mal tipo, no quiero cagarlo.

– Una cosa es salir a buscar un tipo para cornear al marido pero vos no saliste… Este te cayó del cielo…

– ¡Sos terrible!

– No querida, a coger que se viene el fin del mundo.

– ¿Qué fin del mundo? Estás loca.

– No, para nosotras el fin del mundo es envejecer, si no vivís ahora estás frita.

Algo más tranquila y con una bolsa de ropa nueva, eso le calmaba mucho los nervios, Lucía llegó a su casa a eso de las cuatro de la tarde. Le llamó la atención que estaba el auto de Sabino y había también una moto.

Le pregunta a Juana por Sabino y esta le dice que está en el fondo con un hombre. Sale al jardín y ve a Sabino hablando con alguien al final del parque.

– Hola

– Hola Lucía, vení que te presento, Pedro, esta es Lucía. Pedro es el encargado de la obra de la casa del fondo y ya que está le encargué que nos haga el quincho.

– Buenas tardes señora, ante todo quiero pedirle disculpas por la falta de respeto del sábado. Fue un peón que tomé ese día pero después de eso ya lo despedí.

– Sí… Bue… Buenas tardes, está bien…

– Hoy cuando salía para el trabajo Pedro se acercó a disculparse, ahí le pedí que pase esta tarde para ver si podemos ponernos de acuerdo y hacer el quincho de una vez por todas.

– No creo que haya problemas, con la casa de atrás tenemos para rato y ya que la herramienta está por acá es más fácil y así terminamos todo junto. Nosotros somos tres y hay momentos en que nos llevamos por delante, si nos separamos mejor.

– En realidad ya nos pusimos bastante de acuerdo, estábamos esperando que llegues porque Pedro se va a ver más con vos que conmigo, por el trabajo.

– Casi siempre la que está en la casa es la señora, además es la que nos pide los detalles.

– Los materiales los pide Pedro, los van a entrar desde atrás, la casona tiene espacio para que un camión llegue hasta la pared de nosotros.

– Sí, ahora con las grúas lo pasan sin problemas para este lado.

– Yo le di a Pedro un plano con las bases, todos los detalles se los das vos ¿Está bien Lucía?

– Sí, supongo que sí.

A Lucía todo le daba vueltas, hacía tiempo que no veía tan entusiasmado a Sabino y a la vez la sonrisa de Pedro, el recuerdo… Saludo como pudo y entró a cambiarse.

Durante la cena la emoción de Sabino continuaba, le mostró el plano y le contó como pensaba él que sería mejor, claro que la decisión final era de ella. Para él mientra haya una parrilla grande, una mesada con pileta, listo.

Lucía le preguntó si eran gente de confianza, que ella iba a estar mucho tiempo sola y no los conocían. Sabino le dijo que a él le había parecido buena gente y que le iba a pedir a Juana que fuese más días, sobre todo que con la obra la casa se ensucia más. Es un mes y listo, casa terminada.

La primer semana Juana fue todos los días, esto tranquilizó mucho a Lucía, a pesar de notar las miradas, no sólo de Pedro sino también de los otros dos. Lucía estaba segura de que sabían lo que había pasado entre Pedro y ella.

El sábado junto con Sabino se pusieron de acuerdo y le explicaron a Pedro que iban a hacer también un baño y los detalles de terminación.

El lunes Juana le dice que no podía seguir yendo todos los días, que igual los muchachos son muy respetuosos, a ella se le complicó en el otro trabajo así que el martes iba hasta el mediodía y el jueves y viernes no podía ir.

La tarde del martes Lucía no salió hasta la hora en que dejaban de trabajar y a pesar de las miradas todo fue normal. Sabino esa semana ya dejó de venir más temprano y llegaba como siempre entre ocho y media y nueve de la noche.

El jueves… Lucía estaba tensa como cuerda de violín, no sabía si Juana había comentado que no iba… Saberse sola con Pedro en la casa la alteraba y a la vez la excitaba ¿Cómo reaccionar si intentaba acercarse a ella?

Trató de salir lo menos posible, lo vigilaba desde la ventana de la cocina, como trabajaban en las dos casa nunca sabía en dónde estaban, a veces era uno otras los tres.

Cerca del mediodía no sentía ruido ni veía a nadie trabajando en su patio, al rato escuchó que trabajaban en la otra casa y se distendió algo y entonces se sentó a comer.

Al tercer bocado siente unas manos en los hombros, ni siquiera se sobresaltó, en el fondo lo estaba esperando…

– ¿Me extrañaste señora?

– …

– Yo creo que sí.

Las manos bajan hasta los pechos, Lucía está quieta, sólo en su respiración se nota algún cambio, nunca usa corpiño en casa así que los dedos enseguida aprisionan los pezones que reaccionan al estímulo irguiéndose.

Pedro la levanta con silla y todo y la aparta de la mesa, la hace parar y rodea la cintura de Lucía y la besa en la boca, beso que ella no resiste, abre los labios y recibe la lengua de Pedro con ansia y rodeo el cuello de él con los brazos.

La empuja despacio hasta un sofá mientras la sigue besando, la sienta y se dispone a abrir el pantalón…

– Pará, esto no puede ser… Mi marido… Basta…

Las manos de Pedro bajan acariciando el interior de los muslos y la entrepierna de Lucía, la mira directo a los ojos, el temblor en los labios de ella lo hacen saber ganador…

– Si no estás mojada me voy… Pero… Si estás mojada vas a ser mi puta… ¿Está?

– Mi marido…

– Si ese te atendiera como se debe no tendrías esos juguetes con que te encontré.

– Pero es que yo…

La mano de Pedro aprieta el sexo de Lucía y la frase de ella queda sin terminar. Los dedos vuelven a desprender el botón y Pedro tira hacia abajo el pantalón, Lucía levanta su cadera para que este salga y se hace evidente la humedad en su tanga… Está transparente de tan mojada…

Después de sacar el pantalón Pedro pide que le de la tanga, Lucía tiembla pero al fin se la da, Pedro la lleva a los labios y la besa

– Sentí que rico, eso es porque me necesitas

– …

– Ahora te voy a comer la conchita esa tan linda que tenés.

Lucía sabe que tiene que resistir, decirle que se vaya pero esta paralizada, el recuerdo del orgasmo que tuvo con Pedro es todavía muy fresco… Y lo quiere repetir. Es consciente de que con su marido nunca va a sentir lo mismo…

La boca se llena en el sexo de Lucía, Pedro recorre con la lengua desde la mota de vello apenas presente hasta pasado el culo y vuelve otra vez. Se detiene en el clítoris, lo toma con los labios, entre los dientes y la lengua, lame sin escatimar cada centímetro.

Lucía se retuerce en el sofá, clava las uñas en los hombros de Pedro que ni se inmuta y sigue lamiendo y sorbiendo, labios, clítoris, ano… Entra la lengua todo lo que puede en las dos cavidades de Lucía, juega con sus dedos recios y hace que ella comience a gemir…

Se levanta y despacio se saca la ropa, la excitación es notable en su pene, se arrodilla y penetra a Lucía. Entra y sale sin dejar de mirarla, le levanta las piernas para legar más profundo

– Sí…

– Te empieza a gustar…

– No hables…

– Dame la camiseta

– No…

– Si no me la das la rompo, quiero verte las tetas, como te sudás.

– Los animales sudan…

– Vos sos mi yegüita putita.

Después de que Lucía le da la camiseta él la abraza y sin salir de ella la levanta tomada de las nalgas, para no caerse Lucía rodea el cuello de Pedro y este movimiento hace que la penetración sea muy profunda, al sentir el jadeo de Lucía, Pedro la hamaca entrando y saliendo, cosa que hace gritar de placer a Lucía

– ¿Qué hacés, dónde me llevás?

– A la cama

– No, al dormitorio no. Ahí duermo con Sabino…

– Por eso, esa cama se merece una buena revolcada.

– Hijo de puta…

– Esa puteada te va a costar.

La tira sobre la cama y Lucía siente el vacío en su sexo, estuvo al borde del orgasmo pero no llegó, respira agitada, está a punto de pedirle que siga pero él casi se sienta en el pecho de Lucía, refriega el pene en las tetas, lo aprieta entre ellas para después acercarlo a la boca, Lucía primero no abre los labios pero él insiste hasta hacerla ceder.

Lucía se acuerda lo humillada que se sintió cuando Sabino la rechazo al querer ella hacer sexo oral… ¿Por qué ahora no? Con lo que había visto en las películas xxx y con mucho de su imaginación, le dio a Pedro una mamada como para la historia.

– Vos a mi también

– ¿Qué querés un 69? No nena voy a explotar

– Un poquito.

– ¡Qué puta sos!

Se estira al revés sobre ella y gira en la cama dejando a Lucía arriba. Abre las nalgas con las dos manos y entierra la cara en el sexo de Lucía que juega con el pene pero ya sin tanta dedicación, la distrae esa lengua que se mueve ansiosa, impaciente entre los labios de su conchita que recién está aprendiendo a sentir.

Con dos dedos en su vagina, uno apretando la entrada de su culo y la lengua de Pedro que no para de lamer su clítoris estalla Lucía en un orgasmo que empapa la cara de Pedro que se ríe satisfecho de provocar así a ésta rubia que de cruzarse con ella en la calle le parecería intocable.

– Nena ahora me vas a coger vos a mi.

– …

– ¡Vamos!

Y suena una palmada en las nalgas de Lucía.

Ella nunca se montó sobre Sabino, muchas veces lo deseo pero con las salidas de él sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal se cohibió siempre…

Lucía se sube sobre Pedro apoyada en las rodillas, con las dos manos se apoya el miembro en su vientre y lo siente contra el monte de venus, lo acaricia…

– Metelo

– ¿Yo?

– Sí nena, vos ¿Nunca lo hiciste?

– … No…

– Levantate… Así… Refregalo en la conchita que se abra… Bien, me volvés loco… Ahora empujá y bajá hasta que entre todo…

-¡Ah!… ¿Así?

– Sí… Ahora subí y bajá… Eso… Sí…

– ¿Así?… Ah… Ah

– Sí… Seguí… Seguí… Más rápido… Más rápido…

– Sí… Sí… Me gusta… ¡Me gusta!… Ah…Ah…

Lucía se lleva las manos a la cabeza, se sacude arriba y abajo, adelante y atrás. Pedro le agarra las tetas y trata de atraerla pero la espalda de Lucía se arquea hacia atrás y aprieta su pelvis con mucha fuerza contra la de Pedro… Otra vez alcanzó un clímax absoluto…

Pedro se arrodilla y le pone el miembro entre los labios, Lucía va recuperando la respiración y comienza a chupar ese pene que la subió al máximo de placer que conoce hasta ahora, ese miembro empapado en su propio jugo, se pone de costado para llegar más fácil a él, en los latidos siente el placer que le está dando y se afana más aún.

– ¡Así nena! Ahora vas a saber lo que quiere decir el bolero con eso de sabor a mi…

Lucía siente crecer el pene en su boca a la vez que Pedro le toma la cabeza y la empuja haciendo que entre hasta la garganta… Se llena toda su boca, tan adentro que la mayoría lo traga sin sentir pero parte queda en su boca… Lo había visto en películas pero jamás creyó que ella lo sentiría… Pensó que le daría asco pero… La excitación tapó toda otra sensación…

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