Me mira… sé que me mira.


Erebo sin límites

No fue enseguida, tardé un tiempo. Con la emoción de tener mi primer departamento, no alquilado, mío. Mudanza, comprar algunos muebles, esto aquí, aquell

o allá. Las primeras visitas. Todo emocionante.

El departamento no es gran cosa, un dos ambientes, cocina con lugar para una mesa con cuatro sillas, ni una más, el baño y un lugar grande donde ubicar sala, escritorio y habitación. Eso si, un balcón con unas ventanas espléndidas.

A las semanas de haberme mudado vinieron mis compañeros de trabajo a conocer mi nuevo hogar y claro, armaron enseguida una fiesta. Ese día uno de los chicos, bastante atrevido él, fue el que me hizo prestar atención, por hacerse de vivo me dice desde el balcón

– Si no pones cortinas más gruesas me voy a conseguir uno de los departamentos de ahí enfrente para verte al levantarte y acostarte.

En ese momento tomé conciencia de las ventanas del…

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