¿Y ahora qué hago?


Erebo sin límites

Con mi novia habíamos comenzado con un juego erótico que nos trajo muchas satisfacciones. Aprovechando que vivíamos en un pueblo cerca de la capital, los sábados por la noche quedábamos en encontrarnos en algún bar del centro, esos de levante, nadie va ahí a pasar el rato sino a buscar con quien dormir esa noche.

No íbamos juntos, ella salía de su casa y yo de la mía. Uno llegaba antes, generalmente bien arreglado y con toda la actitud seductora posible. El otro aparecía más tarde cuando la lista de candidatos para el que había llegado primero ya era larga…

En este punto vale aclarar que tanto mi novia como yo no estamos nada mal, cada cual en su género estamos dentro de los ganadores y la pose de seductor hacía el resto.

El que llegaba tarde no iba tan bien arreglado como el otro y a pesar de eso…

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