Vacaciones en el campo


Justo para las fiestas de fin de año, cuando terminé el secundario, a mis viejos se les da por pelearse. Ni bien pasaron las fiestas y mi cumpleaños número 19, cumplo el 4 de enero, mi vieja me dice:
-Nos vamos a Córdoba al campo de mi hermana, por lo menos quiero estar un mes lejos de tu padre, tal enfriando un poco la cosa podamos arreglarnos.
-Pero yo que voy a hacer un mes en medio del campo… me voy a enfermar de aburrimiento.
-No, ya hablé con tu tía y tu prima va a estar ahí.
-Que divertido… la mojigata esa…
-Callate y preparate lo que quieras llevar, salimos mañana.
Y allá fuimos, mi prima es un año mayor que yo pero está criada en una escuela de monjas y casi nunca la dejaron salir, las perspectivas de diversión no eran muchas.
Como las cosas eran tal cual las esperaba, me dediqué a entretenerme contando a Bety, mi prima, todas las aventuras sexuales de esta super-mina porteña, casi todo mentira claro, pero la idea era escandalizarla.
-Pará Susi, – Susi soy yo, – Pedro te va a oir.
Pedro es el hijo de la casera.
-Pero si es un mocoso.- Pedro es chiquito, flaco y todo tímido.
-Que mocoso, es mayor que vos, yo apenas le llevo dos meses y parece tonto pero de tonto no tiene un pelo, hace poco lo encontraron con la hija del capataz que es casada.
-Bueno entonces no se va a asustar con lo que yo te cuente. – Y seguí con mis fantasías contándolas como hechos.
Así estuve varios días, cada vez más atrevida viendo como en el fondo Bety se excitaba con mis historias y como Pedro se las ingeniaba para estar cerca y poder escuchar.
Un sábado en la cena mi tía dice que al día siguiente hay que ir a misa.
-Con migo no cuenten – les digo
-Mirá que después hay feria y festejo por el santo del pueblo.
-No, hace mucho calor y a mi no me pega nada ese clase de festejos, mejor me voy al arroyo que está divino, fuimos el otro día con Bety y me encantó.
-Bueno, te hago dejar un caballo ensillado, no creo que quede nadie, van todos al pueblo. Llevate algo para tomar, mirá que va a hacer mucho calor.
-Si, y dejo esta milanesa para mañana y me voy a almorzar allá y paso la tarde.
-Si te quedás toda la tarde no dejes de aflojarle la cincha al caballo y hacelo tomar agua.
Al día siguiente se despidieron temprano mi vieja, mi tía y mi prima. Yo me quedé en la cama hasta más de las diez y cuando me levanté no encontré a nadie en toda la estancia.
Me puse una bikini, una camiseta y unas bermudas, preparé la vianda, a caballo y me fui al arroyo. Es un lugar solitario en medio de un monte don el arroyo hace una curva y un remanso entre las piedras que parece una pileta. Acomodé la cincha del caballo como me dijeron, lo dejé sin freno donde pudiese tomar agua, y preparé mi picnik. Me saqué la ropa y quedé en bikini, después del primer chapuzón viendo que no había nadie… adiós corpiño…Seguí nadando y el estar así en tetas me puso caliente, un poco también por todas las historias que venía haciendo en esos días, así que mientras me bañaba me acariciaba las tetas…
-Mirala vos… esta es la putita que te hace calentar con sus cuentos.
Pegué un salto tapándome y mirando para donde venía la voz. En la orilla del arroyo estaba Pedro con dos gauchos que yo no conocía, eran mayores, de unos treinta y pico.
-Será cierto, parece un poco mocosa para todo lo que vos decís.
-Ella lo cuenta como cierto, además le mostró a la Bety unas fotos en el celular.
-En este, vamos a ver. -Tenían mi celular. Yo muda y tiesa. En mi celular había fotos mías desnuda y con el único chico con el que había estado. Todos mis cuentos no eran más que eso, cuentos.
-Si, acá están las fotos, te vas a quedar ahí, vení mejor y contanos de estas fotos. Necesitás que te ayudemos a salir del agua…
-No, pero tirame la ropa así salgo.
-Salí así, si tenés más ropa que en estas fotos.
-Pero a ustedes no los conozco.
-Vení así nos presentamos, a Pedro lo conocés, hace una semana que lo venís calentando, nosotros somos amigos, casi de la familia, es mi ahijado.
-En realidad ella tiene razón – dice el que hasta ahí no había hablado – mejor nos metemos todos al agua, con el calor que hace.
Y se sacan la ropa hasta quedar en calzoncillos y se meten los tres al agua directo a donde estaba yo, directo a rodearme. Mi primer impulso fue gritar, pero quien me iba a escuchar ahí en medio del campo, entre las sierras. Tenía una mezcla de terror y por otro lado me excitaba estar casi desnuda entre esos tres tipos con las vergas que se querían salir de sus calzones mojados.
-Con todo lo que le has hecho oír a Pedro no creo que quieras perderte la oportunidad de divertirte con estos tres gauchos, verdad?
-Pero yo soy más pendeja que ustedes y además son tres…
-A Bety le contaste como estuviste con dos tipos en el gimnasio… y según vos la pasaste “bomba”. – Dijo Pedro burlándose de mi forma de hablar, toda chetita porteña. Ahí supe todo lo que me esperaba, o casi todo, en realidad tuve bastante más…
Seis manos se pasearon enseguida por todo mi cuerpo… absolutamente por todo… y se entretuvieron sobre todo en mis tetas desnudas y mis nalguitas que no estaban muy tapadas con la tanga bien metida en mi rayita.
Casi en el aire me sacaron del agua y como por arte de magia apareció un cojín de cuero de oveja y desapareció mi tanga. Lo único que atiné a decir fue por favor no me peguen.
-Nadie te va a pegar, sólo te vamos a coger como vos le contaste a la Bety que te gusta. -Dijo Pedro, mientras me acostaron en el cojín y se sacaron los calzones.
Yo nunca había visto vergas semejantes, mi única experiencia real había sido un par de meses antes con un chico que a pesar de ser mayor que yo no tenía mucha idea y a parte se iba en seco antes de que se le pare del todo, todavía no me explico como me desvirgó.
-Ustedes son muy grandes – les dije mirando esas vergas con los ojos muy abiertos.
-Nosotros o nuestras guascas te parecemos grandes?
-Las dos cosas, yo nunca vi pitos así de grandes.
-Pero mirá vos… dice “pitos”, después de las historias que tuve que escuchar…
-Bueno si nunca viste una así, menos habrás tocado… acaricia esta un poco y mostrame como la chupas. – Y me la pone a unos pocos centímetros de la boca.
Creo que al verla tan cerca y rozarla con mis dedos pasó a ser mayor mi calentura que mi miedo, la acaricié con mis dos manos y de a poco la llevé a la boca, primero casi un beso, una lamida en la cabeza, al sentir las venas hinchándose la apreté más con mis manos y la metí hasta donde entró en mi boca que quedaba chica para toda esa verga. Mientras tanto Pedro se metió entre mis piernas y me lamió la conchita, cosa que nunca me habían hecho, el otro me acercó su verga para que también chupe. Así con una verga en cada mano, chupándolas una y otra y la lengua de Pedro en mi conchita empapada supe lo que era la verdadera excitación, chupaba, gemía, me retorcía y volvía a chupar.
El que dijo ser el padrino lo hizo correr a Pedro y me levantó las piernas bien estiradas, las abrió y me apuntó en la conchita
-Estás lista?
Yo lo único que hice fue seguir gimiendo y suspirando agitada.
No esperó respuesta, así sosteniendo mis piernas bien abiertas y si siquiera sostener la pija con la mano se metió dentro mio sin violencia pero todo de una sola vez, sentí que me llenaba toda, que no había un solo lugar vacío en todo mi cuerpo. Se quedó un rato quieto y despacio fue saliendo y otra vez adentro empezó un vaivén que me enloqueció, entre todos mis jadeos Pedro me la pone en la boca, no la tenía tan grande pero si dura, muy dura, parecía de madera pero caliente y latiendo. El otro que nunca supe quien era mientras me refregaba la chota en uno de mis pezones dice:
-Viste lo que es una poronga de veinte años, quien pudiera. – Y se ríen los dos más viejos.
Yo que sabía lo que era un orgasmo por masturbarme, sentí que venía uno por vergüenza quise contenerlo, claro fue peor, cuando acabé pegué un grito que no dejó lugar a dudas.
-Dejáme a esta puta – dijo el otro y se cambiaron.
Este no fue tan delicado y me cogió fuerte del vamos, por suerte yo ya estaba dilatada, mojada y tan excitada que me corrí, como dicen en España, otra vez retorciéndome de placer. Al ver que acabé se cambiaron y me cogió Pedro, que seguía con la pija durísima, me hacía arquear toda la espalda cada vez que entraba y parecía que hacía tope en el fondo de mi conchita que para esto ya estaba hecha un fuego. Yo sin salir de mi sorpresa, el único que tuve antes era un maestro en eyaculación precoz y estos tipos no terminaban nunca.
-Bueno vamos a cambiar un poco, si no te vamos a parecer aburridos, ponete como perrito, en cuatro patas. – me dicen. Ya no me hacían nada los que no me cogían, sólo miraban, como si se guardaran para no acabar, esto lo se ahora con más experiencia, en ese momento no me dí cuenta.
Así en cuatro se van turnando un rato cada uno, despacio, haciéndome gozar como loca, empapada y sin darme casi cuenta que se divertían mojándome el culito con mi propio jugo y ablandándolo con los dedos.
Así al rato me avivé que ya ponían más de un dedo dentro de mi culito, también me enteré que me gustaba.
-Bueno putita, es hora de la leche.
Me empezaron a coger bien fuerte, primero me acabó el padrino. Sentí todo su chorro y a acabé casi con él. Ahí reaccioné y casi grito:
-No!! Que no tenes forro!
-No le dijiste a la Bety que te pusiste el diú. – Dijo Pedro. Otro cuento, por suerte si tenía la pastilla del día después.
Siguió el otro tipo, se tomó su tiempo y no le importó mucho que mi conchita estuviese llena de leche, él la completó, por si no estaba del todo llena.
Pedro entonces me la pone en la boca y me dice que se chupe bien, que la quiere tener toda mojada con mi saliva, que quede brillante.
-Eso… Muy bien… -dice el padrino. – Con lo que lo venís calentando en estos días se merece lo mejor que tengas…
Yo todavía no sabía que era lo mejor que tenía… Me la sacó de la boca… Se puso atrás… Y ahí lo entendí…
Se apoyó con las manos en mis nalgas… las separó… apoyó la cabeza de la verga, esa tan dura como de madera, en la argollita de mi culito virgen y empezó a entrar.
-No!! Mi culito no!! – Me quise levantar, pero los otros dos me sostuvieron.
-Mejor apoyate en los codos no en las manos, levantá más el culo y aflojate… vas a ver que así te gusta…
No tenía mucho para discutir, hice como me dijeron, lo mismo me dolió cuando pasó la cabeza por mi ojete, sentí que Pedro lo escupió, y entró despacio, creí que me abría por la mitad, me puteé por todas las boludeces que había contado a Bety delante de Pedro. Fue entrando y yo relajándome, más saliva, se mueve de a poco, me acaricia el clítoris con sus dedos, me aflojo. Me gustaaa… me gusta… me excito otra vez… se mueve dentro mio… se apura… gime él… gimo yo… me tira de las caderas… sacudo mi cabeza… él grita y me llena el culito de leche… yo grito y tengo mi primer orgasmo anal…
Creo que no van a ser tan aburridas esta vacaciones en el campo….

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